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Conociendo más de cerca la política en Aristóteles
Christian el 14 de Abril de 2007 a las 07:49 am
Ya vimos en un anterior post de forma muy resumida cómo concebía la política el filósofo Aristóteles, el cual había sido el resultado de la propia ética aristotélica y parecía -incluso- subordinarse a ella, pues ambas consideran y tratan el bien natural y completo del hombre, a pesar de que éste puede ser deseable cuando interesa a un único individuo, pero puede llegar a ser aún mucho más divino y bello si le interesa tanto a un Estado como a un pueblo entero.
Obviamente, y como es preciso suponer en un primer momento, nadie puede ser virtuoso ni conocer qué puede significar este término tan importante, si no ha sido correspondiente y correctamente educado, punto en el que, Aristóteles, defiende que ha de ser ese mismo Estado el que se haga cargo de esa tarea educativa, defendiendo asimismo (valga la redundancia) una especie de “organización social” en donde ese Estado es anterior a la familia por naturaleza y a cada individuo tomado -propiamente- de forma individualmente, siendo el todo anterior a cada una de las partes.
Por estos motivos, el hombre es considerado especialmente como un animal comunitario o político, pues, aunque existen animales gregarios y rebaños, el hombre y el Estado tienen que ver con otro hombre bien diferente; poseer un lenguaje sería uno de esos elementos que lo diferenciarían, dado que, gracias a éste, el hombre puede comunicarse con sus semejantes y reflejar, por ejemplo, aquello que es justo, injusto, que está bien o mal…
El pensamiento de Aristóteles con respecto al Estado se basa en el hecho fundamental de que sólo él puede bastarse a sí mismo, pero no se trata de una autarquía (dominio de sí mismo, política de un Estado que intenta bastarse con sus propios recursos) únicamente módico, sino humano y ético, en cuyo Estado puede alcanzarse el poder del bien y la justicia, algo considerado como la perfección última que puede obtener el hombre; aquellos individuos justos y de bien.
Es preciso reseñar en este caso de una forma directa que ello no significa que nuestro protagonista defienda un totalitarismo político, pues el fin del Estado es la perfección y felicidad moral de los propios ciudadanos. Se mantiene fiel al esquema de la pequeña ciudad-Estado, recogiendo en él la clasificación llevada a cabo por los sofistas, en donde, recordemos, existía una democracia, una aristocracia y una monarquía, en las que gobernaban los más virtuosos y mejores, haciéndolo bajo el objetivo principal de conseguir sólo el bien común.
La teoría aristotélica es tanto bastante fluctuante como pragmática, criticando la política defendida por Platón (idealista-utópica), pues ésta únicamente puede ser una ciencia empírica, nunca exacta, algo que vendría a estar demostrado por las recopilaciones que sus discípulos llevaron a cabo posteriormente de determinadas Constituciones políticas.
Evidentemente, esta política se caracteriza, como se ha dicho en las líneas anteriores, en que se produce una ruptura con Platón, su amigo y maestro, algo que estaría demostrado en algunos elementos de Aristóteles que son eminentemente platónicos, subrayando en éstos puntos tales como la especie, el carácter separado del entendimiento inteligente, o lo universal como objeto de la ciencia, entre otros. Y es que si Platón opera bajo un modelo “matemático”, Aristóteles lo hace bajo un modelo “biológico”.
La evolución de su pensamiento le conduce a tratar al hombre como un organismo más, compuesta de forma, de materia, y no sólo como una realidad trascendente, inaugurándose así una concepción de él como ser unitario, único.

Una de las ideas más interesantes, entre muchas otras, del filósofo Empédocles es su descubrimiento del odio, y del amor, como motores fundamentales y destacados del mundo, como ese hilo conductor que guían a las personas. Dos principios que manifiestan, por tanto, esa experiencia de los seres humanos, de sujetos como usted o como yo, produciendo una inclinación o rechazo con respecto a lo que sentimos, y donde se expresa el origen de lo que, propiamente, se une o desune en la naturaleza.
Lo poco que se sabe de su vida, lo conocemos gracias a su propia obra, especialmente del libro Legatio ad caium. No en vano, y según autores diversos, el único dato que puede afirmarse con cierta rotundidad es su intervención en la embajada que los judíos alejandrinos enviaron al emperador romano Calígula para solicitar su protección, y evitar con ello los ataques contra los griegos de la ciudad.
uy importante conocer cómo el resto de las realidades, tanto materiales como inmateriales, tienen su origen a partir de ese mismo logos en el pensamiento judeoplatónico de Filón de Alejandría. Pero, no obstante, sí que es importante señalar esa semejanza existente en el comienzo del cuarto Evangelio, con el pensamiento de éste: “En el principio era el logos (…) Todo fue hecho por él”. Y es que, por todo, se puede decir que, para Filón, hay un único Dios, el más antiguo de los seres, incorpóreo e increado.
“Todos los seres, cuando han llegado ya a su perfección, engendran, y, por tanto, lo eternamente perfecto engendra eternamente algo eterno. Y engendra algo inferior a sí. ¿Qué decir pues acerca de lo más perfecto? Que nada viene de Él a no ser lo que solamente por Él es superado en perfección. Ahora bien, lo más grande después de Él y, por tanto, lo segundo es la inteligencia; y es que la inteligencia lo contempla y necesita solamente de Él. Él, sin embargo, no necesita de ésta. La inteligencia es, pues, engendrada tras lo que es más perfecto que la inteligencia y la inteligencia es el más perfecto de los seres, ya que todos ellos vienen detrás de ella. Así, por ejemplo, el alma es palabra y acto de la inteligencia al igual que la inteligencia lo es del Uno. Ahora bien, la palabra del alma es confusa. Así pues, en la medida en que es una imagen de la inteligencia, el alma debe mirar hacia esta y del mismo modo la inteligencia debe mirar hacia el Uno a fin de ser inteligencia. Y lo ve sin estar separada de Él ya que está inmediatamente tras Él y nada hay entre ambos como tampoco lo hay entre la inteligencia y el alma. Todo lo engendrado desea y ama a su progenitor y muy en especial cuando lo engendrado y el progenitor están solos. Y cuando el progenitor es lo más perfecto, necesariamente lo engendrado está con él y sólo están separados en la medida en que son distintos”.
En sentido estricto, se denomina “neoplatonismo” a aquella corriente filosófica, de carácter platónico, que tiene su origen aproximadamente en el siglo II con la obra de Plotino, al cual dedicaremos ya en un futuro algún artículo relativo a su vida, trabajo y obra.










