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Filosofía medieval II: Baja Edad Media

Publicado por Esteban Galisteo Gámez

La Baja Edad Media, desde un punto de vista cultural, se caracterizó por el florecimiento de la vida económica en los burgos (las ciudades); por el auge de las universidades y por la consolidación del orden moral y social cristiano, por lo que respecta a Europa continental. En la Península Ibérica y en el resto del mundo islámico, ocurrirá un tanto de lo mismo. Además, aquí se desarrollará una filosofía sefardí.

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Estatua de Averroes en Córdoba, España

La filosofía cristiana en la Baja Edad Media

Como decíamos ayer, Boecio dejó al medievo como herencia la vieja cuestión de los universales; en la Baja Edad Media esta será encarada por prácticamente todos los autores, cada uno de los cuales plantearán su particular punto de vista. A este respecto, hemos de mencionar a Roscelino de Compiègne (1050-1120) y a Pedro Abelardo (1079-1142). Este último dio una de las soluciones más originales.

Floreció también en esta época San Anselmo de Canterbury (1033/34-1109), quien desarrolló el famoso argumento ontológico (a simultaneo) de la existencia de Dios. Además de este argumento, San Anselmo también habló de otros temas, tales como la libertad y de la predestinación.

No obstante, los autores más renombrados durante la Baja Edad Media fueron San Alberto Magno (1199-1280), Santo Tomás de Aquino (1224/5-1274) y San Buenaventura (1221-1274). Alberto Magno fue maestro de Santo Tomás y se dedicó a leer y comentar a Aristóteles; el segundo, Tomás de Aquino, no se limitó únicamente a comentar al estagirita, sino que también desarrolló un sistema filosófico de corte aristotélico y compatible con la fe cristiana. San Buenaventura, por su parte, también dio sus propias pruebas de la existencia de Dios, algo muy de moda en la época, y siguiendo una tradición muy variada desarrolló una filosofía aristotélico-neoplatónico-aviceniano-avicebroniante.

Hasta la aparición del nominalismo bajomedieval en el siglo XIV, se sucedieron varias generaciones de filósofos cristianos: los eclécticos (Enrique de Gante, Egidio Romano, Godofredo de Fontaines, Rogelio Bacon y Raymundo Lulio y los místicos neoplatónicos (Teodorico de Freiberg y Juan Ekhart). De forma paralela a estos, floreció la filosofía de Juan Duns Escoto (1265/66-1308).

Durante la Baja Edad Media también se desarrolló una filosofía política que giraba en torno a la separación Iglesia-Estado, aunque formulada esta cuestión en términos medievales (poder espiritual y poder terrenal).

Finalmente, el nominalismo aparece en el siglo XIV como respuesta al problema de los universales, a los cuales entiende como meros nombres. Aunque hubo varios filósofos nominalistas, el más destacado fue Guillermo de Ockham (1285-1347). Desde mediados del siglo XIV hasta principios del siglo XV, Asia y Europa se silenciarán, debido a la epidemia de peste de 1347-1400.

La filosofía islámica y sefardí durante la Baja Edad Media

En Al-Andalus se dio durante la Baja Edad Media una ilustración en el mundo islámico; la primera figura importante que nos encontramos en esta época es la de Ibn Rushd, Averroes (1126-1198), nacido en Córdoba. Fue un filósofo aristotélico, comentador de la obra del estagirita y creador de un sistema filosófico propio.

A la par que se desarrollaba esta filosofía islámica, floreció una filosofía judía en Al-Andalus, cuyas figuras representativas fueron Ibn Gabirol, Avicebrón (1020-1059), nacido en Málaga y educado en Zaragoza. Defendió una teoría hilemorfista universal (todo está formado por materia y obra), la cual aparece en su obra más importante conservada, Fons Vitae. Por su parte, en Córdoba nació Rabbí Moshé ben Maimón, Maimónides (1135-1204), autor de la Guía de los perplejos (Môrèh Nebûkîm), obra de carácter aristotélico en la que “demostró” la existencia de Dios, que el mundo no era eterno o que el alma subsistía tras la muerte.

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