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Conciencia animal

Publicado por Esteban Galisteo Gámez

Una de las ideas más extrañas y de las menos creíbles es la tesis de que los animales no tienen conciencia. Por supuesto, “los animales” significa aquí “todo animal habido y por haber, excepto el homo sapiens y alguno de sus antepasados, además de, probablemente, el homo neanderthalensis“. De modo que lo que se suele creer, cuando se habla de conciencia animal es que los animales no humanos no tienen conciencia y que, por tanto, no hay algo así como “conciencia animal”, sino solo conciencia humana. Otros puntos de vista menos radicales están dispuestos a aceptar que los primates superiores, los elefantes, los delfines y las urracas tienen conciencia. Pero es mejor dejar esto aquí de momento e ir poco a poco.

¿Qué es la conciencia?

conciencia animal

Para algunos estos animales son meros mecanismos biológicos.

Llamamos conciencia a un tipo de conocimiento, a saber, el conocimiento que tiene cada individuo de su propia existencia, del entorno que le rodea y de sus propios estados mentales (dolores, orgasmos, pensamientos, representaciones, etc.). El conocimiento de que me duele la espalda es conocimiento consciente, el conocimiento de que existo también lo es y el conocimiento de que estoy viendo un ordenador de color negro es, igualmente, conocimiento consciente.

De este modo, quien dice que no hay conciencia animal dice, ni más ni menos, que los animales no saben nada de su entorno, que no saben que ven, que no saben que algo les duele, que no saben que existen, etc. En suma, dice que los animales son como una especie de mecanismos biológicos que reaccionan, mecánicamente, al medio en función de cómo este es percibido, sin apercibirse de nada.

¿Hay conciencia animal?

Aunque se suele decir que el que los animales tengan conciencia es algo que se ha de probar, en realidad, en mi opinión, lo que ha de demostrarse es que los animales no tienen conciencia. Es decir, el peso de la prueba cae sobre aquellos que mantienen la tesis de que no hay conciencia animal. La razón es esta: ver un animal como un perro, un gato o una vaca como una máquina biológica requiere de una gran carga teórica, es decir, no es algo que se ve de forma inmediata. Hemos de imaginar mucho para ver al perro del vecino como una especie de robot orgánico. Sin embargo, no hemos de imaginar mucho para ver que el perro del vecino tiene preferencias, que le hace ascos al pan y se vuelve loco por el jamón o que si se quema una vez con el fuego de la chimenea, a la próxima mantendrá las distancias.

Por otra parte, la idea de que solo el hombre tiene conciencia o, como mucho, los animales superiores, es un postulado con orígenes religiosos el cual se transformó en una tesis laica gracias a Descartes y algunos de sus amiguetes. No ha sido hasta años recientes que se ha puesto en duda, cuando el sentido común se ha erguido sobre los prejuicios culturales.

En este sentido, a mi modo de ver, la forma correcta de plantear la cuestión es la siguiente: en principio sí hay conciencia animal, algo que parece evidente para casi todo el mundo. Ahora bien, quien piense que los animales no tienen conciencia ha de pensar que nos engañamos, que cuando nos parece ver que nuestro perro sabe lo que ve o sabe que le duele, en realidad nos estamos dejando engañar por las apariencias y por tanto el humanista exacerbado nos tiene que dar pruebas que refuten nuestra evidencia. Nos tiene que demostrar que lo que llamamos evidencia no es más que apariencia.

Conciencia animal y la prueba del espejo

Una de las pruebas más famosas para decidir que una especie animal tiene conciencia consiste en la prueba del espejo. En esta prueba se pone al animal ante un espejo y se infiere a partir de la reacción de este si tiene o no tiene conciencia. Orangutanes, gorilas, urracas, chimpancés, bonobos, delfines y elefantes pasan la prueba. Si se acepta la prueba, hemos de aceptar que tienen conciencia. Ahora bien, esta prueba tiene sus trampas. En efecto, no hemos de concluir, sin más argumentos, que todo animal que no se reconoce en un espejo es un animal sin conciencia. En efecto, el no reconocerse en un espejo no es una prueba de que un animal no se reconoce a sí mismo, sino más bien una prueba de que ese animal no se reconoce visualmente. De otro modo tendríamos un problema con los ciegos, pues tampoco son capaces de reconocerse ante un espejo.

¿Qué interés tiene la conciencia animal?

Tener o no tener conciencia es muy importante en la medida en que la crueldad humana tiene pocos límites y uno de ellos es, no siempre, el tener conciencia. En efecto, para todo ser vivo parece que el hecho de tener conciencia marca la diferencia entre ser maltratable o respetable. Reconocer la conciencia animal es el equivalente a darle a los animales el carné de socios del club moral.

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