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Maltrato animal

Publicado por Esteban Galisteo Gámez

El maltrato animal es una lacra que, lamentablemente, se mantiene y se perpetúa en el tiempo. En España y en algunos países latinoamericanos se celebran festejos que implican maltratar animales. El caso paradigmático es el de las corridas de toros. Además, en prácticamente todo el mundo los animales son criados de manera intensiva, en granjas en las que su vida en un constante sufrimiento. Cerdos criados en un metro cuadrado de espacio o gallinas que viven abarrotadas en pequeñas jaulas y a las que les cortan el pico, son los habitantes típicos de muchas de las explotaciones ganaderas que en la actualidad pueblan el mundo.

La moral antropocéntrica

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Los movimientos contra el maltrato animal son cada vez más importantes.

En la Edad Moderna el hombre se convirtió en el centro de prácticamente cualquier actividad intelectual y, por extensión, de la moral. Desde un punto de vista metafísico, se instauró una concepción de la realidad mecanicista. El modelo mecanicistaera muy adecuado para el mundo físico. Pero, claro, el ser humano, desde antiguo, tenía alma. Y así, una nueva forma de dualismo se estaba fraguando. Los seres humanos tenían cuerpo. Y el cuerpo se regía, por su naturaleza material, por principios físicos. Sin embargo, también tenía una mente (el alma antigua), portadora de pensamientos, sensaciones (dolor, por ejemplo) y emociones (miedo, asco, etc.).

El resto de animales no tienen alma y, por tanto, están determinados por las leyes que rigen el movimiento de los cuerpos físicos. No solo eso, tampoco son portadores de emociones o sensaciones. Fueron considerados meras máquinas biológicas. De este modo, desde un punto de vista moral, solo el ser humano entra dentro del club de los seres susceptibles de consideración.

Esta es la moral antropocéntrica, que se ha venido instaurando desde el siglo XVI. Desde un punto de vista como este es moralmente intrascendente el maltrato animal.

¿Es éticamente admisible la moral antropocéntrica?

La moral antropocéntrica es inadmisible desde un punto de vista ético. En primer lugar, se basa en una cosmovisión bastante cuestionable. En efecto, es cierto que los movimientos de las estrellas y los planetas pueden explicarse mecánicamente. Pero extender este modelo a otras esferas de la realidad podría estar injustificado. Por ejemplo, el modelo mecanicista ha demostrado ser bastante inútil a la hora de explicar la conducta humana o la de los chimpancés. Postular un alma tampoco es una opción muy aceptable, ya que no tenemos evidencia de esta clase de entidades y, además, postularlas sin más genera más problemas de los que soluciona.

Tampoco es una moral universalizable. Por ejemplo, hay seres humanos que no manifiestan estar animados por un alma humana. Hay graves casos de parálisis cerebral que, desde un punto de vista psicológico, están muy por debajo de una abeja o un gorrión. Ante estas objeciones, el antropocentrismo no tiene más remedio que contestar que los humanos que están en esas circunstancias han de ser moralmente considerados por el hecho de ser humanos.

Con este tipo de respuesta, el antropocentrismo deriva en especismo. El especismo solo considera miembros de la comunidad moral a los que pertenecen a la especie humana. Desde un punto de vista ético, el especismo es inaceptable, ya que los límites de la comunidad moral son estipulados de manera bastante arbitraria.

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