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La fábula de las abejas

Publicado por Esteban Galisteo Gámez

La fábula de las abejas, o cómo los vicios privados hacen la prosperidad pública es una obra de Bernard Mandeville (1690-1733) publicada en 1723. Esta incluye un poema, que es la piedra angular del libro; un ensayo y unos comentarios sobre el poema. El poema, por su parte, había aparecido previamente, en el año 1705, bajo el título de La colmena refunfuñona, o los bribones se vuelven honestos. Pues bien, en este post vamos a hablar sobre este poema.

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Así nos va

Cuando uno estudia cualquier periodo de la historia de la filosofía en la facultad, suele ver en profundidad a los grandes autores de ese periodo, mientras que los “filosofillos” suelen pasarse por alto. A lo sumo se conoce el nombre y alguna de las ideas principales y, en muchos casos, se han leído dos o tres obras de ellos. Esto ocurre con Bernard Mandeville. Hasta esta mañana me sonaba el nombre y conocía su máxima, la cual recuerdo haber leído en alguna historia de la filosofía, cuando estaba preparando el examen para una asignatura llamada Historia de la Filosofía Moderna II: Kant y la Ilustración (¡Vaya nombrecito para la asignatura!). Esta dice más o menos así: “vicios privados, virtudes públicas”. Tengo que decir que tampoco asociaba esta frase al nombre de Mandeville. En realidad pensaba que era de Shaftesbury, pero lo cierto es que Mandeville criticó a este. En fin, así tengo la memoria.

En cualquier caso, recordaba la máxima y el espíritu de esta, a saber, que la prosperidad de la sociedad está basada en los vicios privados. Y, decidido a escribir sobre ella, he estado investigando. Lo primero que me ha llamado la atención, sobre todo después de leer el mencionado poema, es que nadie dice que este tal Mandeville sea un ingenuo o un granuja. Sin embargo, si leemos el poema con los ojos de una persona de hoy en día, no tendremos más remedio que creer que es una cosa o la otra. Lo que el poema de Mandeville viene a decir es algo como esto: la sociedad, las estructuras sociales (él no habla en estos términos) se han formado porque cada individuo es egoísta y genera bienes públicos cuando persigue sus intereses privados, sean estos de dudosa moralidad o no. Para Mandeville, claro está, hay una ley natural que rige sobre le ser humano: todo el mundo, por naturaleza, es egoísta, se mueve por sus propios vicios:

Así que quienes proclaman la virtud y este tipo de cosas son, en realidad, unos hipócritas. Pero, paradójicamente, la virtud es el otro ingrediente para una sociedad próspera. Hace de bisagra entre las individualidades egoístas que forman la sociedad. Esta es concebida como un mundo de individuos egoístas disfrazados de moralistas. Veamos cómo lo expresa el acusado:

En un Estado así vivíamos los europeos hasta hace cinco o seis años. Pero resulta que después de unos años así, la experiencia ha demostrado sobradamente que esto no se puede mantener a corto plazo, pues termina por hundir las economías de las naciones. Eso sí, algunas abejas salen beneficiadas. Sin embargo, los investigadores huyen de los países del sur de Europa (y pronto también huirán de los del norte); la pobreza infantil aumenta a ritmo alarmante; la calidad de la sanidad pública ha empeorado; los impuestos a los más pobres han aumentado; etc.

Mandeville imaginó justo lo contrario. En su poema, los individuos que forman parte de la colmena comienzan a volverse moralistas, denunciando públicamente los vicios ajenos (y sin ver los propios). Entonces la colmena se convierte en una sociedad de abejas honestas. Y se viene abajo. Así lo cuenta el ingenioso, aunque poco previsor, Mandeville:

Básicamente este poema condensa la ideología capitalista. El poema puede parecer muy bonito, porque es un poema, porque habla de abejas, porque es una fábula, porque defiende tesis filosóficas, etc. Pero lo cierto es que viene a decir que la sociedad es próspera porque hay pederastas, timadores, personas vanidosas que siempre quieren más, políticos corruptos, etc. y que todos los individuos humanos somos así, en mayor o menor grado. Esta tesis se utiliza mucho hoy en día para justificar los vicios de la élite empresarial, artística, deportiva y política y, en países anacrónicos, aristocrática (nobles y reyes).

Lo que el poema de Mandeville parece pasar por alto es el hecho de que los vicios de algunos individuos podrían ser incompatibles con los de los demás. Por ejemplo, el vicio de la avaricia, que Mr. Mandeville tanto aplaude en sus cursis abejas, podría haber llevado a algunas de estas a apropiarse de todos los recursos del panal, lo que, en caso de conseguir, hubiera supuesto que el resto se convirtieran en sus siervas. Aunque Mandeville siempre podría decir que la gestión de tal cantidad de recursos, en un sentido amplio, sería una fuente de empleo inagotable, lo que haría que el panal prosperara, etc. En fin, así nos va.

Algunas cuestiones intrigantes

Las viciosas abejas del panal de Mandeville no dejan de levantar interrogantes. Todas son unas viciosas, aunque, curiosamente, algunas se ven obligadas a delinquir. Así lo expresa nuestro amigo Mandy:

Resulta intrigante que en una sociedad en la que todos son viciosos y embaucadores, haya algunos que sean “delincuentes por necesidad” y que estos sean los únicos que paguen cuando son llevados ante una justicia parcial. Es de suponer que estas abejas “delincuentes por necesidad” vengan de la clase de las “condenadas a la guadaña y al azadón”:

Resulta que en un mundo de viciosos, hay algunos que son “miserables voluntariosos” que “sudan cada día agotando su energía y sus brazos para comer”. Estos, es de suponer, cultivan y obtienen alimentos, que consumen todos los demás. Aunque son los viciosos, gente rica y ostentosa generalmente, los que hacen prosperar la sociedad:

Mandy pasa por alto que los ricos viciosos no se comen, a no ser que abracemos el canibalismo culinario.

La máscara de Mandeville

Más arriba comenté que me resultaba extraño el hecho de que en los textos que he consultado nadie dijera que Mandeville, Mandy para nosotros, era o un ingenuo o un granuja. Bueno, yo me atrevo a decir que era un granuja. Con un poema, con versos rimando, con musicalidad, con un lenguaje estéticamente pulido, etc. puede hacerse tragable cualquier idea, por estúpida, simplista o terrible que sea. Y Mandy hizo tragable con su poema la idea de que el médico, al atender a sus pacientes siguiendo criterios económicos, hace prosperar a la sociedad. La realidad no es así, ni lo era en la época de Mandy. Lo que sí que era real en aquella época (y lo es hoy día) es que existía una necesidad de cambio, de eliminar a los elementos de la sociedad que habían explotado a los “miserables voluntariosos” que muchas veces se convierten en “delincuentes por necesidad”.

Desde este punto de vista, el poema de Mandy puede ser visto como una fábula sencilla para llegar a una masa de forma fácil y convencerla de que la sociedad prospera y de que “los mismos pobres vivían mejor que antes los ricos”, gracias a que los ricachones tienen multitud de vicios. Y es que, ¿de qué iba a vivir una prostituta si el empresario, el sacerdote, el político, etc. no son aficionados al burdel?

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