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Libertad y seguridad

Publicado por Ruben Avila

En un hipotético pasado estado natural, pre-social, el ser humano tuvo libertad absoluta para llevar a cabo sus planes. O, bueno, toda la libertad que las leyes de la naturaleza le permitieran. Por mucho que lo desease, si se tiraba de lo alto de una montaña para, aleteando con las manos, volar, lo más que lograría sería estampar sus sesos contra el suelo. Y así, o de manera similar, con cualquier acción que tratase de “violar” las leyes naturales. Pero, por lo demás, las leyes humanas no le constreñirían en absoluto, puesto que no existían. Un individuo podía darle una paliza a otro sin más miedo que la capacidad de venganza que tuviera el apalizado. Si esta era nula o escasa, no había riesgo ninguno. De la misma forma, le podía robar, esclavizar o lo que le viniera en gana, ya que no iba a ir ningún policía a detenerlo, ni ningún juez a juzgarlo.

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Ciertamente, este hipotético estado es, como su nombre indica claramente, mera hipótesis, ya que es difícil asegurar que pueda existir lo que conocemos como ser humano fuera de la sociedad.

En cualquier caso, y siguiendo la hipótesis, el miedo al más fuerte, que podría ser cualquiera si unía sus fuerzas con otro (u otros), la inseguridad continúa y la posibilidad de ser asaltado en cualquier esquina, es lo que nos habría llevado a cambiar parte de esa libertad casi absoluta por un poco de seguridad. Lo primero, supuestamente uno de los bienes más preciados, a cambio de poder dormir por las noches sin la necesidad de tener un ojo abierto, por si las moscas…

Este estado es el que Hobbes denominó como estado guerra, porque según él era de continua guerra, y el que fue moldeado, pero sobre la misma base, por Locke y, más tarde, por el liberalismo en general. En concreto, es este momento pre-social el que permite hablar a los liberales de derechos naturales de los individuos.

Claro, si no existiera ese momento pre-social, tampoco existirían los derechos naturales, puesto que todos serían sociales, al no existir más que en sociedad. Y aunque esto daría mucho para hablar, no es la intención de este artículo entrar en esas disquisiciones.

El asunto es que esta disputa entre libertad y seguridad sigue completamente vigente en la actualidad. Podemos recordar lo que sucedió a partir de los atentados del 11-S, cómo el miedo al enemigo trajo consigo una merma en las supuestas libertades que ostentaban los ciudadanos estadounidenses, en particular, y los del resto del mundo, en general.

La tensión evidente entre lo que creemos que es nuestro, que no se nos debe ser arrebatado, y el miedo a que, efectivamente, lo sea, es lo que a lo largo de la historia ha balanceado el sistema de poderes dentro de las sociedades. O, para ser más exactos, es uno de los factores. Factor, además, que es perfectamente manipulable, como así lo ha sido y, nos tememos, será, para obtener cuotas de poder.

Y es que aunque sea tan sólo un fundamento teórico, que no existió en realidad, y aunque no sea -como creemos- el único factor para ser en sociedad, esa tensión entre libertad y seguridad es uno de los fundamentos de nuestro mundo.

Imagen: untechoenelaire.blogspot.com.es

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