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Intencionalidad

Publicado por Esteban Galisteo Gámez

En Filosofía decimos que la intencionalidad es la característica que distingue a los estados mentales de una estera, una plancha o un estado de la materia. Que un estado mental es intencional, en este sentido técnico, quiere decir que los estados mentales son acerca de algo, que representan algo o que son relativos a algo. Con «algo» queremos decir aquí «alguna cosa». Este concepto fue reintroducido en el vocabulario técnico filosófico por Franz Brentano, en 1847. Desde el punto de vista de Brentano, únicamente eran intencionales los estados mentales y, además, todos los estados mentales tenían la marca de la intencionalidad. Así, si usted tiene una creencia, su creencia es sobre algo; si tiene un deseo, su deseo es sobre algo y del mismo modo ocurre con el resto de los estados mentales.

Lo que pensaba Brentano y lo que, en general, ahora se piensa

Intencionalidad

Muchos estados mentales son intencionales.

Brentano pensaba que todos los estados mentales eran intencionales. Ahora la mayoría de filósofos contemporáneos piensan que Brentano estaba equivocado, por lo menos, en esto. En efecto, hay estados mentales, como la sensación de dolor, que no son acerca de algo, es decir, que no se parecen a las creencias y los deseos y a otros estados mentales estandarizados. El dolor puede estar espacialmente localizado, uno puede tener la sensación de dolor en el dedo gordo del pie, en las muelas del juicio o en un pezón, pero su dolor no tiene una dirección, no representa alguna cosa o es sobre alguna cosa o se dirige hacia alguna cosa. Por el contrario, si me apetece comer jamón serrano, mi deseo tiene una dirección, un objeto: el jamón serrano. Los deseos son estados mentales intencionales, los dolores no.

Intencionalidad, intenciones e intensionalidad

Que los estados mentales, muchos de ellos, sean intencionales, no implica la noción de intención, entendida esta como una característica de las acciones. Es decir, el sentido en el que las acciones son intencionales es distinto del sentido en el que los estados mentales, muchos de ellos, son intencionales. Lo vemos con un ejemplo. Supongamos que A le dice a su hijo, B, que si aprueba Filosofía le comprará una moto. En este caso, A hace esa promesa con la intención de que B se esfuerce y apruebe una asignatura. La acción de prometer es intencional en el sentido de que se pretende que se den determinados hechos en virtud de llevar a cabo la acción en cuestión. Ahora bien, tener la intención de que B se esfuerce y apruebe una asignatura es un estado mental intencional. Está dirigido a B. Así que no hay que confundir la intencionalidad de los estados mentales con la intencionalidad de las acciones, aunque la segunda pueda ser intencional en el sentido de la primera.

Por otra parte, también hay que distinguir la noción de intencionalidad de la de intensionalidad. El término «intensionalidad» pertenece al vocabulario de la Lógica. Algunos contextos lingüísticos y lógicos tienen dos características que son definitorias de la noción de intensionalidad. En primer lugar, se trata de contextos referencialmente opacos. Esto quiere decir que sustituir expresiones co-referenciales en una sentencia cambia el valor de verdad de la sentencia. Por ejemplo: si digo,

(1) A cree que Cicerón era romano

y A no sabe que Cicerón es Tulio, entonces si sustituimos «Tulio» por «Cicerón» en (1), cambiaría el valor de verdad. En efecto, A podría creer (1) y, sobre la base de que no sabe que Cicerón es Tulio, creer también (2)

(2) Tulio era griego.

De modo que (3)

(3) A cree que Tulio era romano

sería falsa.

En segundo lugar, en estos contextos no se permite la generalización existencial, es decir, no está permitido pasar de «Fa» a «∃xFx». Por ejemplo, del hecho de que yo desee visitar la ciudad de la Atlántida no se sigue que exista algo que desee visitar. Este es un contexto intensional, aunque implique un estado mental intencional.

La intencionalidad y la naturaleza

Una de las grandes dificultades de la filosofía contemporánea es la ubicación de la intencionalidad en el reino natural. A esto se le llama problema de la intencionalidad. Y es que cuando las atribuciones de intencionalidad exhiben intensionalidad, como el caso de desear algo inexistente (desear visitar la Atlántida, por ejemplo), se producen hechos inquietantes, como deseos que están dirigidos a objetos inexistentes. Se trata de estados mentales intencionales que en vez de ser individuados por los objetos hacia los que están dirigidos se intentan individuar en función del modo en el que se piensa en esos objetos.

La forma de resolver este problema de ubicar la intencionalidad en el reino de la naturaleza pasa, para muchos filósofos, por explicar en términos causales la relación entre los estados mentales intencionales y los objetos hacia los cuales se dirigen.

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