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La falacia ad hominem

Publicado por Esteban Galisteo Gámez

La falacia ad hominem es una de las falacias más detestables y populares que existen. En general todas las falacias lógicas son detestables, pero la falacia ad hominem lo es especialmente. Una falacia es un argumento que parece correcto, pero que en realidad no lo es. El objetivo de las falacias es la persuasión y son habitualmente utilizadas por los políticos y por los periodistas menos profesionales. Quien argumenta falazmente no tiene entre sus objetivos el llegar a la verdad, sino la propaganda o simplemente el imponer sus argumentos, como se dice popularmente, «llevar la razón».

La falacia ad hominem

Falacia ad hominem

1. La falacia ad hominem

La falacia ad hominem es una falacia no formal. Una falacia no formal es una en la que las premisas que se aportan en apoyo a la conclusión no apoyan dicha conclusión al no ser relevantes o no tener nada que ver con lo que se quiere defender. Esto no significa que las premisas sean falsas, pueden ser verdaderas y estar bien fundadas, sin embargo lo importante es que son irrelevantes para la conclusión o para el tema de discusión.

La falacia ad hominem consiste, por su parte, en rebatir una opinión atacando a la persona que defiende dicha opinión, sin aportar argumentos que tengan que ver con la opinión en cuestión. Por ejemplo, supongamos que estamos discutiendo sobre el aborto y un antiabortista defiende que el valor de la vida del feto debe prevalecer sobre los intereses pasajeros de la madre. Entonces su interlocutor le responde: «claro, tú no vas a decir otra cosa porque eres del Opus Dei». En este caso, el hecho de que el antiabortista pertenezca a una secta es irrelevante para la verdad o falsedad de lo que defiende. De hecho, la cuestión de si X defiende las opiniones que defiende por ser miembro de una secta, no tiene nada que ver con la cuestión relativa al valor de la vida del feto.

Para mayor claridad, veamos nuestro ejemplo esquematizado:

x opina que Q.
La razón de x para opinar que Q, es que x es M.
Ser M desacredita a x para defender Q.
Por tanto, Q es falsa.

2. ¿Qué hace que la falacia ad hominem sea especialmente detestable?

Además de constituir una falacia, los argumentos ad hominem son, cuanto menos, ofensivos para la persona contra la cual se esgrimen. Suelen ser un insulto en toda regla, aunque no siempre lo sea explícitamente. De forma explícita, pueden tener formas como «tú dices que P porque eres maricón» o «tú estás a favor de N porque eres puta», en las que se insulta al oponente de forma directa y agresiva. De forma implícita, conllevan la afirmación de que nuestro interlocutor es una persona deshonesta, que defiende lo que defiende no porque crea que es verdadero, sino por interés propio. Este es el caso de nuestro ejemplo anterior.

El hecho de que esta falacia constituya un insulto puede conllevar que el debate se vaya al traste, sobre todo si la persona que padece la falacia ad hominem responde al insulto de manera vehemente.

3. Cómo responder a una falacia ad hominem

Ante una falacia ad hominem es fácil montar en cólera. Es difícil mantener el tipo y responder de forma adecuada a la misma. De hecho, lo más común es que la persona atacada de esta manera responda vehementemente. En cualquier caso, ante este tipo de falacia lo mejor es pedir argumentos adecuados, podemos decir simplemente, «bien, ya sabemos que yo soy P, pero dime, ¿Q es verdadera o no? ¿Y por qué?». Si nuestro interlocutor persiste en ser falaz, entonces podemos dejar de discutir con él, si es que tenemos interés en el tema debatido.

Imagen: popscreen.com

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