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Teorías sobre la Reencarnación

Publicado por Malena


Las religiones que suponen la reencarnación de las almas después de esta vida, no se detuvieron a explicar el espacio y el tiempo.

Ya sea que se piense que el tiempo corre en forma lineal, como parece ser el concepto del hombre de occidente, o en forma circular como piensan en Oriente; cualquier teoría de la reencarnación tiene que tener en cuenta el tiempo.

Teorías sobre la reencarnación

Que el tiempo no es un absoluto ya lo sabemos según la teoría de Einstein y también lo podemos percibir subjetivamente nosotros en nuestras vidas diarias, ya que se puede experimentar de distintas maneras según las circunstancias.

Somos seres que se proyectan en el tiempo; por lo tanto, el tiempo es la condición que no nos permite imaginar ni comprender la eternidad.

La reencarnación es una creencia tanto de religiones teístas como no teístas.

Por intuición, existen tres formas de explicar el origen del hombre:

– pudo haber existido siempre como parte de Dios;
– pudo haber sido creado por Dios en un principio
– pudieron haber sido creadas todas las almas que nacieron y que continuarán naciendo.

La creación y la preexistencia de Dios es algo fuera del tiempo, por lo que
únicamente pueden comprenderlo los místicos y aceptarlo por medio de la fe.

Para algunos que creen en la reencarnación, el alma es una entidad que habita en el cielo y que proyecta parte de si misma hacia una serie de vidas sucesivas, oportunidades de ir mejorando a esa entidad hasta que esté lo suficientemente pura y experimentada como para darse cuenta que forma parte de una unidad que es un Ser Supremo.

Otros imaginan que comienza siendo una partícula material que va evolucionando desde la inconsciencia hasta la conciencia, la autoconciencia y la superconsciencia de la consciencia de Dios.

Algunos creen que la evolución se produjo desde lo mineral a lo vegetal, dando lugar luego a los insectos, posteriormente al animal inferior, después al animal superior y así continuará sucediendo en una constante progresión cada vez más compleja y perfecta.

Pero más importante que la evolución espiritual es comprender el propósito de la vida.

Ese propósito puede ser que todos seamos cocreadores con Dios y que cada criatura vaya añadiendo experiencia con cada vida, del total almacenada en la eternidad.

El alma va engrandeciéndose en cada reencarnación hasta que alcanza la autoconciencia que es lo más elevado que el hombre puede conocer, aunque sin alcanzar la forma de conciencia suprema que puede llegar a ser.

Los interrogantes surgen con respecto a la duración de los intervalos entre vida y vida.

El alma sobrevive y trasciende a un estado fuera del espacio y del tiempo, donde no se pueden concebir intervalos de ninguna clase; y en cuanto a su reencarnación en la tierra, dependería de las experiencias de cada uno y qué es lo que cree que alma individual necesita hacer.

Es así como el deseo se transforma en “ellos necesitan”, coincidiendo con Dios creador de un universo moral, donde el hombre debe llegar a ser moralmente perfecto como Él.

El karma en las religiones orientales tiene dos enfoques, el que afirma que Dios tiene que dejar que actúe sin intervenir, para que toda polaridad quede eliminada y el que se considera una herramienta, con la libertad para sustituirlo por el perdón, la gracia que perdona y libera del condicionamiento, el karma o la culpa y de la necesidad de vivir más vidas.

El Budismo dice que elevándose desde la existencia el hombre puede ahora mismo acceder al nirvana.

El Judaísmo desea que su pueblo acepte el perdón de Dios.

El Cristianismo coincide con el Judaísmo y agrega la posibilidad del perdón de los pecados gracias a la crucifixión de Cristo, el cordero de Dios que quita los pecados del mundo.

Se plantean por supuesto problemas filosóficos, como por ejemplo, ¿cómo pueden coexistir el Creador con sus criaturas sin perder éstas su individualidad? y ¿cómo puede agregarse algo a un Ser supremo?

El Ser humano no puede comprender racionalmente lo que está fuera de su dimensión espacio tiempo, sólo le queda la posibilidad de la contemplación de Dios, mediante una intuición mística, que puede revelarle la posibilidad de relacionarse después de esta vida con los sí mismos ideales de otras almas y experimentar la felicidad suprema.

Fuente: “Reencarnación”, David Christie-Murray. Ediciones Robien Book, 1993.

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