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La espiritualidad laica

Publicado por Malena

Algunos filósofos ateos se atreven a formular doctrinas espirituales sin Dios.

Dos filósofos franceses están reivindicando una tesis que en tiempos pasados hubiera sido considerada una herejía: la moral no es monopolio de las religiones.

Dos ensayos, “El espíritu del ateísmo!, de André Compte-Sponville y el “Tratado de ateología”, de Michel Onfray, tienen el objetivo de asumir los desafíos de la época moderna y retomar el antiguo ideal de la sabiduría, como reflejan las obras de Friedrich Nietzsche, Karl Marx y Sigmund Freud.

Según Compte-Sponville, un ateo puede tener los mismos valores judeocristianos (no matar, no robar, etc.), porque la moral no es privativa de la religión ya que un creyente fanático puede transgredir los valores de su religión y asesinar en su nombre.

La moral es una elección consciente y el humanista, como no tiene ningún Dios, tiene que decidir ser moral con su conciencia.

El judaísmo y el cristianismo apoyan la Ley y la creencia, defienden la obediencia y la sumisión, la castidad, la virginidad, la fidelidad monogámica y creen en el más allá y la vida sacrificada.

El ateo no cree en Dios y también cree que Dios no existe, en cambio el agnóstico no cree que Dios exista o que no exista, deja esta cuestión en suspenso.

Compte-Sponville no cree que Dios exista porque la propuesta de una vida eterna en el paraíso es para él demasiado bella para ser creíble. De este modo, se identifica con el pensamiento de Ludwing Feuerbach, que consideraba a Dios una mentira genial que le da sentido a la vida y valoriza al hombre.

La ateología es la ciencia que se dedica a desarmar la estructura religiosa, e intenta descubrir los mecanismos confabuladores mediante la psicología y el psicoanálisis, pone a prueba los libros de testimonios y coordina este trabajo con la filosofía; con el propósito de alcanzar una ontología materialista, una física de la metafísica, una teoría real de la inmanencia.

M- Onfray comienza tratando de demostrar la futilidad de la prueba ontológica de San Anselmo del siglo XI, que define a Dios como un Ser perfecto que no se puede concebir sin existencia. Señala los ejemplos de engaño a través de la historia de las religiones y enfatiza su lado oscuro.

Compte-Sponville construye dos grandes líneas de la espiritualidad atea: el éxtasis, que es el sentimiento oceánico que se puede experimentar sin ninguna creencia; y la espiritualidad, que no es monopolio de los creyentes.

Luego, ataca la prueba cosmológica que Leibniz apoyó, que postula que si el mundo existe debe tener una causa y que tal causa no puede ser otra que Dios; y reduce a cenizas otros argumentos sobre su existencia.

Sin embargo, el estudio muestra de inmediato sus límitaciones, que el ateísmo se reduce a explorar las causas.

En el siglo XIV, cuando el ateísmo se identifica como lo contrario al cristianismo, Guillermo de Ockham distingue lo temporal de lo espiritual y dejará libre la razón de la fe.

Para Ockham, si la filosofía se reduce a las causas no puede servir a la teología, porque no hay relación entre estas dos disciplinas y de esta manera abre una larga brecha donde tendrán cabida, aquellos que instaurarán el reino de la ciencia y del humanismo.

Denis Diderot (1713-1784), se inscribe a favor de una religión que llama natural, defendiendo un punto de vista materialista y ateo, creyendo en una moral social en la que pueden converger la felicidad individual y el bien general.

Muchos ateos de hoy se adhieren a la epopeya del libre pensamiento, que se asemeja a la voluntad de pensar libremente de Espinoza o Montaigne.

Aunque otros, a partir del siglo XVIII, plantean la falsedad de las religiones, no son ateos en sentido estricto, ya que su universo mental está teñido de religiosidad, pero reconocen que la iglesia ha perdido el control que ejercía sobre la sociedad.

Hoy, el ateísmo sobrevive de dos maneras, en los que luchan por la defensa del laicismo apoyando la razón en contra de la religiosidad y los que se adhieren a los argumentos de Compte-Sponville.

Sin embargo, la espiritualidad atea aún no se ha construido.

Fuente: “Filosofía Hoy”; “Las grandes preguntas de la filosofía”.

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