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Aristoxeno de Tarento

Publicado por Ruben Avila

Aristoxeno de Tarento, como el sobrenombre indica, nació en Tarento sobre el 354 a.C. Bueno, siendo precisos, nació en Taras, ya que en aquella época era así como se llamaba Tarento, una ciudad del sur de Italia. Pero no era italiano, claro, Italia no existió hasta el siglo XIX. Era griego, que es lo que se llevaba en la época. Pero no son sus orígenes lo que quiero destacar, sino su legado como filósofo.

Aristosseno

Aristoxeno estudió en un primer momento con su padre, que fue discípulo de Sócrates, para después aprender de Xenofilo teoría musical. Finalmente, encontraría en Aristóteles a su maestro y formando parte de la escuela peripatética. Fue uno de los alumnos destacados del Estagirita, hasta el punto de, cuentan las malas lenguas, cabrearse cuando el sucesor de aquél al mando del Liceo fue Teofrasto, en lugar de él mismo.

Al margen de estas disputas de tertulia de programa de corazón, Aristoxeno se dedicó a escribir, a escribir mucho. De hecho, según Suidas, escribió 453 libros. Que, por muy finos que fueran, son una cifra más que reseñable. Sus obras de mayor importancia fueron las que dedicó a la teoría de la música. De las cuales se conservan tres libros sobre su Harmónica, y algunos fragmentos sobre la Introducción a la armonía y Misceláneas de los convites. Los de la primera obra se conservan gracias a Cleónides, y los segundos a Plutarco. Se conservan gracias a ellos porque son ellos los que hacen referencias en sus propias obras a los fragmentos de la obras de Aristoxeno, claro.

En la antigüedad, el filósofo de Tarento era conocido como «el músico», así que ya nos podemos imaginar en qué campo destacó. De hecho, se cuenta que curó a un loco con una flauta, después de que quedará ofuscado por culpa de una trompeta. Ya veis, volvemos a la idea griega de la influencia de la música en nuestras emociones y en nuestro espíritu.

Aristoxeno fue partidario de la vieja música, de la música arcaica, más sencilla que la de su época, admirando a aquellos músicos que «desprecian la polifonía y la diversidad». Vaya, no le gustaban los innovadores. Mantenía, como es de suponer, y como la anécdota de la flauta indica, la teoría del ethos de la música y su supuesta influencia en nosotros, tanto a nivel moral, como educativo e incluso terapéutico.

En su doctrina, Aristoxeno unió elementos pitagóricos con otros de corte sofista. En realidad, no siguió a pies juntilla ninguna de las teorías dominantes.

Para él, memoria y percepción son los dos elementos fundamentales donde se sustenta el conocimiento de la música. Otorgándole, entonces, mucha importancia a los sentidos (a la percepción sensorial) algo que chocaba con la idea pitagórica de la música. De ahí que se separa de esta corriente, disputando con ella. En los años posteriores, entrarían en disputa la teoría pitagórica y la aristoxénica. Aunque no podemos olvidar que ambas nos presentan una concepción moral de la música, ambos establecen de manera rotunda que la música nos afecta a nivel ético.

Imagen: commons.wikimedia.org/wiki/File:Aristosseno.jpg

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