Filosofía

El Zen

Publicado por Malena

Durante el siglo I, los chinos hicieron su propia interpretación del pensamiento budista concentrándose en sus aspectos prácticos; y lo desarrollaron como una disciplina espiritual que denominaron “meditación”.

En el siglo XIII, esta filosofía china fue adoptada por Japón, dando origen al Zen. De manera que el Zen es producto de tres culturas diferentes; del misticismo de la India, de la espontaneidad del Taoísmo y del pragmatismo Confucionista.

Sin embargo, el Zen es esencialmente budista, porque su fin es el Buda; o sea, el logro de la iluminación, que se conoce como Zen o Satori.

La iluminación es la esencia de todas las filosofías orientales, pero el Zen es el único que se concentra únicamente en esa experiencia; y al resto de la doctrina que contienen los sutras lo considera algo suplementario.

El Zen no es una doctrina, ni una filosofía, ni una creencia, ni un dogma; es solamente la experiencia de la iluminación; y esa libertad de toda creencia es lo que lo hace espiritual.

El Zen considera que las palabras no pueden expresar la verdad última; sin embargo el Zen se puede transmitir a los descendientes mediante el señalamiento directo hacia la verdad con acciones o palabras espontáneas que expresan las paradojas del pensamiento conceptual, destinadas a detener el proceso de pensamiento y a preparar al estudiante para la experiencia mística; como por ejemplo, los koan, que son frases que no se pueden explicar con el razonamiento lógico.

El Zen no significa renunciar al mundo sino participar en él en forma activa, porque estar despierto en medio de los asuntos cotidianos es el camino a la iluminación e inclusive la iluminación misma.

Zen o satori significa tener la experiencia inmediata de la naturaleza budista de todas las cosas. Prestando atención totalmente al presente en la vida cotidiana se puede experimentar el misterio de la vida en todos los actos por pequeños que sean.

Vivir el Zen significa recuperar la naturalidad original, o sea vivir la vida cotidiana en forma natural y espontánea.

Conseguir ser otra vez natural y espontáneo, exige al hombre actual un arduo entrenamiento y representa un logro espiritual, como por ejemplo: dormir cuando se tiene sueño y comer cuando se tiene hambre.

El Zen cree en la perfección de la naturaleza original del hombre y en que la iluminación es el proceso que nos permite llegar a ser lo que ya somos todos desde el principio.

La postura y la respiración de la forma de meditación Zen es lo primero que se tiene que aprender.

La afirmación del Zen, de que la iluminación se logra en los asuntos cotidianos ha tenido una gran influencia en todos los aspectos del tradicional estilo de vida japonés.

Esta influencia se manifiesta en las artes, en todas las habilidades y actividades ceremoniales y en las artes marciales; que exigen total presencia mental y que se consideran vías hacia la iluminación.

No alcanza con la perfección técnica que requiere el arte; porque la verdadera maestría se obtiene cuando se trasciende la técnica y se convierte en arte espontáneo surgido de la inconsciencia; o sea, el arte sin arte, sin intención, sin esfuerzo, como un ritual religioso, que permite que la obra y su creador sean uno solo.

Fuente: “El Tao de la física”, Fritjof Capra.

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