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Osho – Sobre el Amor

Publicado por Malena

osho sobre el amor

Osho(1931-1990) es una de las personas que han contribuido a cambiar el destino de la India.

Su singularidad radica en que no da soluciones a los que consideramos problemas de la vida sino que nos brinda las herramientas para que cada uno las pueda encontrar por sí mismo.

El amor es renunciación, sin embargo se ha transformado en la excitación de los sentidos, en pura pasión, que es la parte superficial del amor, necesaria pero no suficiente, porque la verdadera esencia del amor es la abnegación.

El amor no es sólo una relación sino que es un estado del yo, una actitud.

Cuando una persona está enamorada, cambia su percepción y se enamora también de todo lo que la rodea, de los árboles, de los pájaros, de toda la naturaleza y de la gente, porque el amor abre las puertas para amar a toda la creación.

El verdadero amor hace sentir a las personas dichosas y se proyecta en todo lo que percibe.

Nos han convencido desde pequeños que no somos dignos de aprecio, que no valemos nada y toda nuestra educación ha estado llena de desprecio.

Para revertir ese condicionamiento es necesario comenzar a respetarse a uno mismo y de esta forma seremos respetados por los demás.

Amarse a uno mismo es la condición necesaria para poder amar a otro; y esto no significa ser egoísta, porque el egoísta es esclavo de su ego.

Los animales son felices porque no tienen ego.

El hombre confunde el deseo con el anhelo, desea todo lo que hay en el mundo pero anhela a Dios. El anhelo es la realización.

La vida es cambio pero el hombre desea que nada cambie y se aferra al cuerpo, a la juventud, a las cosas y a las personas.

Se enamora y se vuelve posesivo y celoso, tratando a la persona que dice amar como un objeto, perdiéndole el respeto y quitándole la libertad.

El amor no debe incluir deseos de posesión, celos ni apegos, porque hay que pasar por la vida disfrutando lo que nos depara el día de hoy, sin dejar que los cambios inesperados nos afecten.

Todo es pasajero y el yo debe permanecer concentrado y sereno.

El amor posesivo es como un pájaro en una jaula, pierde su espíritu. Si se quiere monopolizar el amor, éste muere, porque el amor es libertad.

Es inútil empeñarse en ser bello para ser más amado, porque el amor es ciego.

La única belleza que existe es la natural, porque todo lo artificial, lejos de embellecer, afea.

La naturaleza es más bella cuanto menos cultivada es y el hombre es la única especie que se esfuerza para ser bello.

Sólo en la belleza natural hay alegría y agradecimiento y de esa aceptación nace la creatividad, porque la creatividad se origina en el agradecimiento.

En la superficie está la máscara, el maquillaje, pero sólo en las profundidades está la belleza.

Es cierto que el rostro de una persona puede decir mucho, porque en la madurez todo lo vivido se refleja en la cara y cada uno tiene la responsabilidad de ella.

La cara es la propia biografía.

Toda la maldad que tiene el hombre proviene de la falta de amor, que también puede convertirse en una enfermedad física o mental, pero que profundamente es falta de amor; porque ni el cuerpo sobrevive sin alimento ni el alma sin amor.

Para ser feliz en el amor hay que ser inteligente y plenamente consciente y sabio; y así la mente dejará de producir problemas imaginarios.

El hombre debe respetar lo femenino que hay en él, ya que es indudablemente superior a las cualidades estrictamente masculinas.

El complejo de inferioridad del hombre con respecto a la mujer, le ha hecho reprimir su parte femenina y esta condición es la causa de que el pasado de la humanidad sea infame.

El hombre debe volverse más receptivo, más sensible, más cariñoso y abnegado.

El amor es también una forma de meditación. Cuando amamos verdaderamente, estamos presentes en el momento, sin distracciones, sin pensamientos que nos alejen del aquí y ahora. Esta presencia total es una forma de meditación que nos conecta con nuestra esencia más profunda y con el universo.

Además, el amor no debe ser limitado a una sola persona o relación. Debe expandirse y abarcar a toda la humanidad y a todas las formas de vida. Este amor universal es lo que puede traer paz y armonía al mundo.

El amor es también una fuerza transformadora. Puede cambiar nuestra percepción de la vida y de nosotros mismos. Nos hace más conscientes de nuestras acciones y de su impacto en los demás. Nos impulsa a ser mejores personas, a actuar con compasión y empatía.

El amor no es una emoción estática, sino un proceso dinámico que requiere esfuerzo y dedicación. Es un viaje continuo de autodescubrimiento y crecimiento personal. A medida que profundizamos en nuestra capacidad de amar, también profundizamos en nuestra comprensión de nosotros mismos y del mundo que nos rodea.

El amor verdadero no busca cambiar al otro, sino aceptarlo tal como es. Esta aceptación incondicional es la base de una relación sana y duradera. Nos permite ver la belleza en la imperfección y encontrar la paz en la diversidad.

Finalmente, el amor es la esencia de la vida. Es lo que da sentido a nuestra existencia y nos conecta con lo divino. Es la fuerza que nos impulsa a seguir adelante, a superar los desafíos y a encontrar la felicidad en las cosas simples. Es el motor que mueve el universo y la clave para una vida plena y significativa.

Fuente:»Osho – El ABC de la Iluminación»