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Los siete sabios: Tales

Publicado por Ruben Avila

Antes de que Pitágoras estableciera que los hombres no pueden ser sabios, sino que solamente podían amar la sabiduría, es decir, ser filósofos, puesto que sólo la divinidad es sabia… Antes de esto, decíamos, existían siete hombres considerados en toda Grecia como sabios, aunque algunos añadieran un par más.

Los sietes sabios griegos son: Tales, Solón, Periandro, Cleobulo, Quilón, Biante y Pítaco. A los que también podríamos añadir, como asegura Diógenes Laercio, a Anacarsis el Escita, Misón el Queneo, Ferices de Siros y Epiménides de Creta. Los hay, además que añaden al tirano Pisístrato.

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Tales

Fue el primero en ser considerado sabio, en la época en el que a los siete se les otorgó el título de sabios, cuando Damasio era arconte. Si todavía no sabéis quién es, sólo tengo que añadir que es más conocido como Tales de Mileto. La historiografía occidental le considera el iniciador de la investigación filosófico-científica respecto al cosmos, aunque también se dedicó a asuntos políticos y a la geometría.

A él se le atribuye ser el descubridor de la Osa Mayor, siendo el primero en predecir los eclipses de sol y los solsticios.

También, a decir del poeta Quérilo, fue el primero en asegurar que las almas son inmortales y en determinar el treinta como el último día del mes. Que aunque posteriormente, se añadiera el 31 a algunos meses, sin duda alguna seguimos sus postulados.

Según Aristóteles, Tales de Mileto considera que tanto los seres humanos, los animales e incluso hasta los seres inanimados poseen alma, poniendo como ejemplo el imán (la piedra de Magnesia) y el ámbar.

Estableció que el agua era el principio de todas las cosas y que el universo está lleno de divinidades, además de considerar que está animado.

También, afirma Diógenes Laercio, que inventó las estaciones y dividió el año en 365 días.

Nos han llegado a través del propio Laercio varias anécdotas al respecto de su pensamiento y personalidad. Así, al asegurar que no hay diferencia entre la vida y la muerte, y uno le inquiriese que, entonces, por qué no se moría, Tales le respondió porque, efectivamente, no hay diferencia. Y ante la pregunta de quién es feliz respondió que:

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Se supone que nació en el 624 a.C. y murió en el 546 a.C., es decir, que vivió 78 años, aunque alguno asegura que llegó a los 90 años.

Cuenta Laercio que el sabio murió presenciando un certamen gimnástico por culpa del calor, la sed y la debilidad propia de su edad.

Tras su muerte, si cabe, aumentó su fama, lo que refleja el epitafio que se encontraba en su tumba:

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Por último, asegura Diógenes Laercio que le debemos a Tales de Mileto la sentencia, bastante conocida, del «conócete a ti mismo». Sentencia que probablemente habremos utilizado más de una vez o, cuando menos, hemos intentado seguirla.

Imagen: luventicus.org

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