Filosofía

Los sabios

Publicado por Ruben Avila

La primera persona que se denominó como filósofo y dio nombre a la filosofía fue Pitágoras, por lo menos que se sepa. Antes que él existían magos ente los persas, caldeos entre asirios y babilonios, druidas entre celtas y gálatas o gimnosofistas entre los indios, pero ninguno de ellos se consideraba a sí mismo como filósofo, ni entendía que lo que hacía era filosofía, suponiendo que realmente lo hiciera, entre otras cosas porque filosofía es una palabra griega, así que es complicado que acuñara el término una persona que no supiera griego.

los sabios

Sin embargo, más allá de la discusión terminológica, Diógenes Laercio asegura que los egipcios consideraban que fue Hefesto el que fundó la filosofía. Naturalmente, los egipcios no lo conocían como Hefesto, puesto que esta era una divinidad griega, sino como Ptah —Vulcano para los Romanos— y lo consideraban un dios creador, al que conocían como “señor de la magia”, además de ser el inventor de la albañilería, el patrón de los arquitectos y artesanos, y tener un poder sanador.

Claro, por una parte entre darle el galardón de crear una disciplina cualquiera a una persona o a un ser inventado, no parece insensato decantarse por la primera. Sin embargo, teniendo en cuenta que los dioses también son creación humana, estarían empatados.

De todas formas, como hemos visto, los egipcios consideraban a Ptah, el señor de la magia, no de la filosofía. Si bien, no es la magia de los prestidigitadores a la que se referían. En aquella época los magos tenían que ver con el conocimiento, con el saber, igual que después los filósofos.

Así, entre los magos los encontramos a Zoroastro, al que milenios después Nietzsche le hiciera protagonista de su obra más famosa (Así habla Zaratustra).

Los sabios

Pero, en occidente, al menos, la idea de filosofía se la debemos a los griegos, empezando por Pitágoras, ya que fue él el que aseguró aseguró que los hombres no podían ser sabios, ya que solamente lo podía ser la divinidad. Resulta que, y de ahí la apostilla pitagórica, en la Grecia anterior a Pitágoras, aquellos que destacaban por su elevación de espíritu, que profesaban la sabiduría, eran considerados sabios. Con lo que el filósofo griego no estaba de acuerdo, y decidió acuñar el nuevo término que sencillamente se refiere amor por la sabiduría.

Así, nos encontramos con que los hombres solamente pueden amar la sabiduría, nunca pueden llegar a ser sabios. Esta cualidad se la reserva Pitágoras exclusivamente a la divinidad.

Más allá de que creamos en la existencia de un Dios o de dioses, o que sencillamente no creamos en la existencia de ninguno, resulta interesante comprobar la modestia de Pitágoras, que prefirió dejar de denominar sabios a los seres humanos. Lo que conlleva una carga ideológica importante, puesto que supone que nosotros no podemos conocer el mundo a la perfección. Nuestro conocimiento de sus leyes e incluso de nosotros mismos, es imperfecto y, por tanto, nunca alcanzaremos la sabiduría, lo cual no implica que no pasemos toda nuestra vida persiguiéndola.

Imagen: jeffreytf.wordpress.com

Categorías: Filosofía Griega