Filosofía

Ética del deber

Publicado por Ruben Avila

Uno de los conceptos que más influencia ha tenido en el campo de la ética, por lo menos desde que fue formulado por primera vez, es sin duda alguna el imperativo categórico expuesto por Kant, a finales del siglo XVIII. En síntesis, lo que el imperativo nos dice es lo siguiente: actúa de forma que tu actuar pueda ser elevado a máxima universal.

deber y sentimientos

Por poner un ejemplo esclarecedor, para averiguar si el asesinato es bueno, tendríamos que imaginar qué sucedería si todas las personas fueran unas asesinas. Es fácil deducir que en dicho mundo nadie querría vivir, y que siguiendo esa máxima, lo normal es que el ser humano desapareciera inmediatamente.

No parece un mal consejo y, de hecho, la moral kantiana está en la base de muchas de las teorías éticas surgidas en el siglo XX.

El deber, sin placer
Así las cosas, Kant también nos impele a actuar por deber. Como hemos visto en la formulación de su imperativo categórico, debemos actuar no por gusto o por placer, sino porque tenemos que seguir esa máxima universal. Por tanto, es evidente, que si actuamos por deber estaremos siendo más virtuosos que si nos dejamos guiar por nuestros sentimientos y actuar sólo según el placer nos dicte. En apariencia, quizás, es un argumento inapelable. Sin embargo, si rascamos un poco más en su interior, descubrimos que no es oro todo lo que reluce.

Ante esta idea del deber, Schelling formuló la siguiente paradoja: Soy amigo de mis amigos porque me gusta cómo son y siento placer al estar con ellos. Por eso les trato bien, les cuido y me importan sus sentimientos. Pero al hacerlo me doy cuenta de que no lo hago por deber, sino por placer. Así, tengo odiar a mis amigos, para así, cuando les trate bien, les cuide y les atienda, no lo haga por placer, sino por deber. De esta forma, seré realmente virtuoso.

Siente, humano, siente
Querer desterrar de la ética nuestros sentimientos es un terrible error. Los humanos sentimos, y aunque alguno de esos sentimientos no nos gusten (como el odio, el dolor…) tratar de obviarlos no los hará desaparecer. Al igual que la avestruz cuando mete su cabeza en un agujero para dejar de ver el peligro, este tipo de ética cree que al desterrarlos estos desaparecerán. Pero una ética que no atienda a los sentimientos, sencillamente, no es una ética para humanos. Querer a los amigos, a la familia… no puede ser considerado como algo que no ataña a la ética. Y hacerlo, nos lleva a defender aberraciones como las que Schelling hizo ver.

Contraponer la razón a los sentimientos es una práctica habitual en muchos pensadores. Sin embargo, ambos conceptos están sin duda alguna entrelazados. Incluso en nuestras elecciones más racionales, hay por debajo un sustento sentimental, que nos permite tomar una decisión. De lo contrario, nos sucedería como al asno de Buridán, que se murió de hambre, por no saber elegir entre dos sacos de pienso que le ofrecían los mismos beneficios.

Imagen: principioseticosymorales-patty.blogspot.com.es/

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