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No sufras

Publicado por Ruben Avila

“No sufras, no merece la pena”. Probablemente esta frase bienintencionada la hayamos pronunciado todos alguna vez, o muchas veces, en nuestras vidas, quizás en alguna conversación con algún amigo doliente por algún engaño amoroso o de cualquier otra índole. Y no es mi intención negar la posibilidad de afirmarla, ni siquiera su bondad, pero sí que me gustaría, gracias a ella y tirando del hilo hacer una o dos reflexiones, las justas y necesarias, que el calor no permite excesos.

no sufras

Así las cosas, la frase con la que empezamos el artículo tiene dos posibles significados. O bien queremos decir que el hecho en concreto, ese que está haciendo sufrir a nuestro hipotético amigo, no merece tanta atención, y, por tanto, tanto dolor padecido; o, quizás, lo que queremos asegurar es que no merece la pena sufrir, da igual el motivo que provoque el sufrimiento.

De este parecer era los estoicos, lo que no les sorprenderá a los que nos hayan seguido en artículos anteriores. Así, Marco Aurelio, uno de ellos, aseguraba que:

aurelio

Es decir, el sufrimiento se produce por un error nuestro, si fuéramos capaces de contenernos, de analizar la situación, de comprender que lo que no depende de nosotros no puede ser ni malo ni bueno, puesto que no puede ser bueno o malo aquello que acontece igualmente a las personas malas y a las buenas, entonces, nos dicen los estoicos, entenderíamos que no hay que sufrir por nada.

Por eso, en este caso, la frase inicial, ese “no sufras, no merece la pena” serviría tanto para un engaño amoroso, la muerte de un pariente o que se haya acabado el helado de chocolate. Son acontecimientos que no dependen de nosotros, que no podemos controlar y que, por tanto, no deberían hacernos sufrir.

Sin embargo, sentir dolor, sufrir, mantengo, es una de las cosas que nos hace humanos. Alguien que no sufriera nos parecería un ser extraño, alguien no sintiera dolor ante los padecimientos de sus semejantes nos daría asco y vergüenza.

Pero, como decíamos antes, nos queda otra interpretación, la que no niega que se pueda sufrir sino que “eso” en concreto no lo merece. Claro, si tenemos en cuenta que tal aseveración se hace desde fuera, no lo hace el sujeto doliente sino el observador, y, también, si asumimos nuestras carencias empáticas, no es tan probable que al formular la frase sepamos realmente que no merece la pena el sufrimiento de ese hipotético amigo.

De todas formas, a pesar de que he dicho que había dos interpretaciones posibles, existe una tercera. Sí, la que nos remite a nosotros como sufrientes ante el dolor ajeno, ese que no queremos ver, ni sentir, y por eso tratamos de convencerle de que no sufra, para no hacernos sentir dolor a nosotros mismos.

Imagen: joselueng1.blogspot.com.es

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