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Los Derechos de los Animales

Publicado por Malena


Todos los días se sacrifican o torturan animales en experimentos científicos, pruebas farmacológicas y también para el consumo.

A veces nos remuerde la conciencia pensar cómo se matan impunemente animales para beneficio de la humanidad, como si ellos no tuvieran derecho a vivir sus propias vidas.

Muchos creen que usar animales para ayudar a salvar vidas humanas o para la alimentación, es inmoral, porque viola los derechos de los animales. El fundamento de esta forma de pensar es que los animales no merecen sufrir en forma innecesaria.

A algunos les puede parecer imposible creer que los animales pueden sentir el mismo dolor que nosotros, sin embargo, hasta las plantas responden de un modo particular cuando están a punto de ser atacadas o cortadas.

Puede resultar difícil creer que animales con sistemas nerviosos muy simples sientan dolor, sin embargo es posible.

Jeremy Bentham, en 1788, dijo que llegará el día en que todos los animales tendrán los derechos que les fueron negados en el pasado.

Es necesario distinguir entre el dolor y el sufrimiento. El dolor es una sensación displacentera que se produce mientras dura el estímulo, pero el sufrimiento es una emoción más compleja, porque incluye el recuerdo y la anticipación.

Por lo tanto, lo que hay que tener en cuenta, cuando se trata de hacer un juicio moral al respecto, es el sufrimiento, porque el dolor se puede atenuar con anestesia.

El dolor ya es malo por sí mismo, pero el sufrimiento es peor, y la mayoría prefiere creer que los animales sienten solamente dolor.

El debate sobre los derechos de los animales dio lugar a tres principios generales que hoy son aceptados como guía para la experimentación científica.

– Reemplazar a los animales por otras alternativas
– Reducir al mínimo el número de animales que se utilizan para experimentos, hasta un nivel justo, que sólo alcance para conseguir datos estadísticos.
– Refinar las técnicas de los experimentos para reducir o eliminar totalmente el sufrimiento animal.

Ningún ser humano utilizaría a otro ser humano para experimentos, sin embargo encuentra razones para hacerlo con animales.

Esta es una forma de discriminación, o sea que por ser animales se puede hacerlos sufrir.

Este comportamiento humano se justifica por razones naturales como por ejemplo:
– Los animales comen otros animales
– Ciertos animales son criados para ser consumidos o para ser utilizados en experimentos, si no, no existirían.
– Supuestamente el hombre necesita proteínas animales para vivir.
– Los animales no tienen alma (¿?)
– El hombre es superior y más inteligente que los animales y tiene derecho a servirse de ellos. (¿?)

Sin embargo estos criterios se presten a discusión.

Los animales pueden tener comportamientos que a los humanos le pueden parecer aberrantes y no dignos de imitar, como matar a las propias crías a las de sus rivales.

El norteamericano Tom Reagan defiende la concepción deontológica al sostener que los animales tienen derecho a una vida, por lo menos aquellos que tienen un cierto grado de complejidad; condición que les permite gozar de algunos derechos básicos, que son los que no se respetan cuando son tratados como trozos de carne o como objetos de experimentación.

Peter Singer defiende la concepción utilitarista que sostiene que el tratamiento de los animales debe ser sometido a un análisis de costo – beneficio, o sea que se podría justificar su sacrificio si el beneficio es lo suficientemente importante para los humanos.

Igualar los derechos de los animales con los de los hombres produciría considerables dificultades; porque hablar de derechos implica también hablar de obligaciones y eso no es aplicable a los animales.

El problema real es la necesidad de darles el trato adecuado y humano que le debemos a los animales, que no se adecua al ámbito de los derechos.

Mientras tanto, seamos compasivos con los animales, no tengamos mascotas exóticas ni domésticas para que estén siempre atadas o para que permanezcan solas todo el día, sólo para que nos brinden su compañía un rato a la noche después del trabajo.

Fuente: “50 cosas que hay que saber sobre filosofía”; Ben Dupré.

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