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El significado de la monarquía

Publicado por Esteban Galisteo Gámez

En un artículo publicado el día 13 de diciembre de 2011 en el diario ABC, Javier Gomá Lanzón, autor del artículo, defendió que en España el Rey ostenta un poder efectivo, el cual ni es ejecutivo ni judicial ni legislativo, sino simbólico. Por otra parte, defendía Gomá, el hecho de ser un «poder simbólico» no lo hace menos poder, antes al contrario, es un poder efectivo y real, el cual resulta positivo, es decir, es positivo para un país que exista este «poder simbólico» pues encarna el sentido de patria unificada y permanente en el tiempo, lo cual, por la cercanía que supone el que una persona o una familia (un Rey o una familia real, se entiende) sean entidades concretas que encarnen esa permanencia y «unidad de la nación española», conlleva una mayor adhesión de los ciudadanos, puesto que:

Por supuesto, «el lado sensible del símbolo» no es gran cosa sin su contenido conceptual.
el significado de la monarquia
Este es el punto de vista del señor Gomá respecto del papel de la monarquía en España. Por su puesto, dado que sus ideas se basan en el concepto de Estado de Derecho y en el de monarquía constitucional o parlamentaria, estas ideas pueden aplicarse a otras naciones en las que el sistema político es una Monarquía Constitucional o Parlamentaria. Dicho esto, seguimos adelante. El señor Gomá escribe su artículo, según la fecha en que se publicó, en forma de apología de la monarquía española, la cual, desde el año 2010 está en el punto de mira de la sociedad, debido a los escándalos de corrupción en los que se ha visto envuelta recientemente. En este sentido, el artículo más que estar guiado por la racionalidad y precisión exigible a un nivel filosófico (el señor Gomá es filósofo), está guiado por un sentimentalismo nacionalista y monárquico que salta a la vista, como veremos a continuación.

Una de las tesis más peliagudas que aparecen en este artículo dice, citándolo textualmente, así:

Nosotros nos preguntamos en qué consiste tener «la responsabilidad de su significado». Por ejemplo, ¿tiene la palabra «idiosincrasia» que, por lo demás, es un símbolo en el sentido en el que el señor Gomá habla de símbolos, «la responsabilidad de su significado»? Gomá diría que no, pues el Rey se diferencia de otros símbolos, como la bandera, el himno o el escudo, en que los primeros son «ejemplares de un símbolo abstracto», mientras que el Rey y la casa real son «personas particulares». Lo que no queda claro en ningún caso es qué tipo de responsabilidad es la del significado del símbolo. Parece ser, en cualquier caso, la de ponerle una cara amable al poder coercitivo del Estado. Sea como fuere, hay que recalcar aquí el hecho de que los símbolos, sean estos seres humanos, palabras o banderas, no forman parte de la extensión del concepto de responsabilidad. Es decir, Gomá está cometiendo aquí un error categorial evidente: predicar responsabilidad de un símbolo, sea de su significado o de otra cosa, es como decir de un número que es rubio o amarillo. Los símbolos ni tienen ni dejan de tener responsabilidad, igual que el número siete ni es ni deja de ser amarillo. «Responsabilidad» no se predica de símbolos, ni «amarillo» de números. Pero esto es solo un paso para lo que queda por llegar en el argumento de Gomá.

En consonancia con lo dicho acerca de la ininteligible y vacía expresión de «responsabilidad de su significado», el señor Gomá añade lo siguiente:

Esto recibe el nombre, aclara Gomá, de «ejemplaridad». Y para ponerle la guinda al pavo concluye así:

Es decir, según el señor Gomá, dado que tanto el Rey como la casa real solo tienen como responsabilidad la de ejemplificar su significado simbólico, no dejan de hacerlo cuando son corruptos o perversos, sino cuando se vuelven banales, es decir, cuando no simbolizan nada. De este modo justifica el señor Gomá la corrupción de la casa real española, a la vez que hace una apología de la misma. Y es que, para quien tiene unos sentimientos patrios exacerbados e irracionales una monarquía corrupta y perversa es mejor que ninguna, algo inadmisible desde un punto de vista racional.

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