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Kant, Immanuel – Primera Parte

Publicado por Malena

Kant fue un hombre entregado al estudio que llevó una vida alejada de los placeres mundanos y que dio origen a un nuevo sistema de pensamiento, formulando principios que sirvieron de base al desarrollo de filosofías posteriores.

Nació en 1724 en Königsberg, Prusia, antigua región alemana.

Fue el cuarto hijo de un maestro artesano, oficio humilde que solo le permitía a la familia vivir modestamente. De sus diez hermanos sólo cuatro llegaron a la adultez.

kant Immanuel - Primera Parte

Kant heredó de su padre la honestidad y sobriedad y de su madre la santidad.

Su madre fue la musa inspiradora que sembró en él la semilla del interés por el conocimiento, inculcándole su religiosidad.

Deseaba que su hijo Immanuel fuera pastor protestante, pero fue otro de sus hijos el que cumplió con su deseo.

Kant hizo el bachillerato en un colegio público de mucho prestigio, donde tuvo un desempeño brillante; pero la exagerada educación religiosa que recibió, hizo que Kant no perteneciera ni asistiera nunca más a la iglesia.

Ingresó a la Universidad de Königsberg, en la Facultad de Filosofía, que en esa institución era una introducción a las ciencias de Teología, Derecho y Medicina; y se fue a vivir con un compañero de estudios. Su padre lo ayudaba ocasionalmente y él daba clases particulares para mantenerse.

Su vida era austera y solo era aficionado al billar. Había adquirido tal pericia en ese juego que llegó a ganar dinero con su habilidad.

Las matemáticas y las ciencias de la naturaleza fueron las materias que más le interesaban a Kant, descubriendo que la carrera académica era su vocación científica y filosófica.

Esta decisión era la más costosa, además los docentes no tenían un salario fijo, y el filósofo ya no contaba con la ayuda paterna porque su padre ya había fallecido.

No obstante, continuó estudiando filosofía y no eligió ninguna de las tres carreras superiores existentes, ignorando las recomendaciones de sus profesores.

Se vio obligado a abandonar la Universidad para ganarse la vida en otro lugar hasta que pudiera volver y conseguir la habilitación formal para llegar a ocupar una cátedra. Kant bregaba por una independencia económica e intelectual.

Continuó trabajando como preceptor, profesión que en esa época consistía en vivir en la casa de una familia acomodada y ocuparse de la educación de los hijos, desde el nivel elemental hasta el bachillerato.

Este trabajo le dejó tiempo libre para escribir el tratado “Historia general de la naturaleza y teoría del cielo”, y le permitió ahorrar dinero suficiente como para volver a la universidad y obtener los títulos que necesitaba para iniciar su carrera académica.

Fue profesor en distintas universidades, pero tuvo que esperar quince años para acceder a su tan ansiada cátedra en la Universidad de Königsberg, que sólo ocupó dos años; y recién a los 46 años lograr su independencia económica. No obstante, continuó dando clases particulares.

Más como docente que como filósofo, Kant se ganó un merecido prestigio, ya que en esa época estaba prohibido dar clases o hablar sobre las propias investigaciones. Sin embargo, Kant no se atenía solo al manual, sino que también enseñaba a filosofar.

Era un hombre absolutamente responsable y estricto en su trabajo, puntual como ningún otro, que nunca faltó a clase.

Posteriormente se convertiría en miembro del senado de la facultad y de la universidad y tiempo después llegaría a ser nombrado rector, cargo que ocuparía en dos oportunidades, en medio de un paréntesis.

Fue miembro de la Academia de Ciencias de San Petersburgo y de la de Siena y estuvo a punto de ser nombrado también en la de París pero para su edad ya era demasiado tarde.

Kant, se levantaba a las cinco de la mañana, preparaba sus clases y luego trabajaba en su obra hasta la una.

A esa hora, todos los días recibía en su casa invitados para comer, que lo acompañaban en su hora de esparcimiento.

Estaba prohibido hablar de filosofía durante el almuerzo, sólo se conversaba sobre la actualidad, se reflexionaba sobre ella y finalmente se introducía alguna que otra broma o comentario picaresco y cada uno podía desplegar su ingenio.

(continúa Segunda Parte)

Fuente: Colección Grandes Pensadores, “Kant, Immanuel, Vida, pensamiento y obra”; Ed. Planeta De Agostini, 2007

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