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El concepto de persona

Publicado por Esteban Galisteo Gámez

El concepto de persona es uno de estos conceptos filosóficos que son muy utilizados más allá de la torre de marfil. Y, para quien no lo sepa, «la torre de marfil» es el ámbito académico al que naturalmente pertenece la filosofía. Hecha esta aclaración continuamos con la noción de persona. Como decimos, esta palabra es muy utiliza en el habla ordinaria. Generalmente, se utiliza como sinónimo ser humano, donde «ser humano» tiene una extensión, muchas veces, superpoblada, de tal modo que a veces se incluyen células, de las que se dicen que son personas o seres humanos.

El concepto de persona más allá de los seres humanos

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No cabe duda de que los delfines son personas.

No estamos en contra de utilizar la palabra «persona» para referirse a los individuos humanos, pues así se utiliza en el lenguaje ordinario. A fin de cuentas, los humanos son personas. Lo que es incorrecto es, por un lado, excluir a seres no humanos de esta categoría por el mero hecho de ser no-humanos y, por otro lado, de incluir bajo este concepto seres que no son actualmente humanos, pero que lo serán, si todo marcha bien, en el futuro.

Y esta oposición no es injustificada. Hay razones teóricas y prácticas para elucidar la noción de persona de tal modo que no caigamos en malentendidos.

Razones teóricas

En realidad tenemos una sola razón teórica para oponernos a cierta forma de entender la noción de persona (la que incluye todo lo humano, por poco humano que sea, y excluye todo lo no-humano). Sin embargo es una razón de peso. Y es que, en filosofía, una persona es una entidad con determinadas características psicológicas (inteligencia y emociones, sobre todo). Es decir, la noción filosófica de persona no incluye la noción de humano, aunque la extensión del concepto esté formada por individuos humanos, entre otros.

Es cierto que el concepto filosófico puede tener ciertos problemas. Por ejemplo, ¿cómo de inteligente debe ser una entidad para considerarla una persona? Sin embargo, estos son problemas relativos al reconocimiento de la personalidad. Es preferible enfrentarse a ellos, que ignorar la propia noción de persona.

Razones prácticas: derechos de los animales, aborto y máquinas del futuro

El club de las personas es bastante selecto y tal vez por eso, en la actualidad, nos resulta complicado pensar que algo no humano sea una persona. Dañar a una persona es más grave que dañar a otra cosa. Se considera que las personas tienen dignidad y que no se las debe mediatizar. En definitiva, entrar en el club de las personas es equivalente a ser considerado como un sujeto moral y jurídico o, como mínimo, el principio para ser considerado tal.

Las consecuencias prácticas del cómo entendamos el concepto de persona se hacen evidentes. Por lo que se refiere a las personas no-humanas, existe actualmente el problema de los derechos de los animales. Los seres humanos abusamos de ellos, los consumimos, los torturamos, destruimos su hábitat, los encerramos, etc. Sin embargo, resulta que buena parte de ellos manifiestan emociones e inteligencia, superando la capacidad de sus características psicológicas a la que manifiestan niños pequeños. Por otra parte, la Inteligencia Artificial avanza a pasos agigantados y nada garantiza que en el futuro no nos encontraremos con mecanismos artificiales dotados de características psicológicas comparables a las humanas. Nuestro concepto de persona no debe excluir a priori el incluir a seres no-humanos, tanto animales como artificiales, dentro de su extensión.

Por lo que se refiere al caso del aborto, en los debates sobre el derecho de la mujer a abortar, se utiliza la noción de persona para referirse a aglomerados de células y a embriones, los cuales no manifiestan ni inteligencia ni emociones. Es importante aclarar aquí el concepto de persona, pues el problema práctico es que se puede transformar a la mujer en una fábrica de mano de obra. Además, decir que un aglomerado de células es una persona, simplemente porque se está gestando en el vientre de una persona y porque es producto de las relaciones sexuales mantenidas entre dos personas, es decir más de la cuenta, pues la noción de persona nada tiene que ver con la genealogía de las entidades sobre las que se aplica.

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