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Concepto de belleza

Publicado por Ruben Avila

De los diferentes contextos en que algo es considerado bello, es decir, de la variedad y diversidad de la belleza, los sofistas dedujeron que la belleza es relativa, que es dependiente de circunstancias que le son ajenas. Sin embargo, partiendo de la misma base, otros, establecieron que un objeto es bello cuando se corresponde con su fin o naturaleza, con su tiempo y condiciones adecuadas. Es decir, cuando es conveniente. Si la visión sofista iba contra la línea de flotación del pensamiento estético griego, contra su absolutismo, la segunda, con igual puntería, disparaba contra su universalismo. Mientras los griegos “primitivamente” consideraban que la belleza era transportable de un objeto a otro, que una forma que había resultado bella en una cosa también lo sería en otra, la teoría de la conveniencia hace saltar por los aires dicha consideración. Digamos que, obliga a asumir que cada cosa «es bella a su manera».

concepto belleza

Dos formas de entender la belleza

A partir de estas dos ideas, los griegos tenían dos caminos para entender la belleza: por una parte, uno sostenía que la idea de que la belleza era dependiente de leyes eternas y que, por tanto, sería igual en todo lugar y tiempo, siempre y cuando tales leyes imperasen; por otra parte, el otro camino llegaba a la conclusión de que la belleza se adapta a condiciones particulares, dependiendo de las circunstancias.

Como podemos comprobar, las conclusiones que nos permiten los dos caminos mencionados son harto diferentes, y no exentas de complicaciones.

Desde nuestra perspectiva, nos es bastante difícil asumir la universalidad de la belleza, ya que con que sepamos algo de historia comprobamos que dependiendo del tiempo y el lugar, su consideración es muy diversa. Sin embargo, no dejamos de actuar como si así lo fuese. Tendemos a considerar que lo que nos parece bello, y está dentro de ciertos parámetros de normalidad, le debe parecer a cualquier que no sea un bicho raro. Y, no nos confundamos, con normalidad simplemente me refiero a la estadística. Si comprobamos, aunque sea a nivel inconsciente, que nuestro entorno establece un objeto o persona como bello o bella, asumiremos que sus rasgos se pueden, de alguna forma, universalizar.

Incluso si nos gusta algo diferente, siendo conscientes de ellos, lo entenderemos como algo bizarro, digno de un friki o cualquier otro adjetivo que demuestre lo anormal del gusto, ya sea por su frecuencia, intensidad o por el objeto que se refiere.

El bien en la piel de la belleza

En alguna parte leí, no recuerdo la referencia, que nos enfadábamos más porque se ningunearan nuestros gustos que nuestras opiniones. Parece que los primeros están relacionados más íntimamente con nosotros, que las segundas.

En realidad, parece como si no hubiéramos aceptado plenamente la distinción, que recordemos ya hicieron los sofistas, entre bien moral y belleza estética, por lo que cuando alguien ataca nuestros gustos, es como si estuviera asegurando que somos peores personas de lo que creemos que somos. Por decirlo de alguna forma, nos lo tomamos como un ataque hacia nuestro yo moral, en lugar de nuestro yo estético.

Es por eso que nos cuesta asumir al 100% la relatividad de la belleza, que necesitamos algo a lo que aferrarnos, algo sobre lo que poder decir que es lo bello, incluso aunque a nosotros no nos lo parezca para poder asegurar que nuestros gustos son raros, extravagantes. De lo contrario, teniendo en cuenta que gracias a internet y el mundo 2.0 todo y todos estamos interconectados, es decir, que todos los contextos están unidos de alguna forma, la idea de lo bello saltaría en, prácticamente, infinitos trocitos.

Imagen: pechincha.com.br

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