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El Tarot de Marsella-Primera Parte

Publicado por Malena

El tarot es un juego de naipes utilizado para la adivinación. El tarot antiguo es de origen incierto, pero ya en el siglo XIV existían en Italia y en Francia, cartas parecidas a las actuales.

El tarot moderno cuenta con 78 naipes, 22 de los cuales son los arcanos mayores con imágenes que simbolizan fuerzas, personajes, virtudes y vicios. El resto de las cartas se dividen en cuatro arcanos menores de distinto palo denominados bastos, copas, espadas y oros; de catorce cartas cada uno (diez numeradas y cuatro figuras de la corte – rey, reina, caballero y paje).

En un principio estas cartas se utilizaban para jugar, pero en el siglo XVIII, se les fueron asignando asociaciones esotéricas y actualmente son usadas con gran aceptación para la adivinación.

Cada carta que elige el consultante, tiene un significado simbólico arquetípico relacionado con cada etapa de la vida y con las circunstancias vitales del individuo que se presta al juego; y su sentido básico puede ser modificado por su posición dentro de las demás cartas que despliega el adivino, por su orientación y por las cartas que están próximas a la elegida.

Las cartas del tarot funcionan como un test proyectivo ya que representan disparadores emocionales internos que provocan formas subjetivas de percibir que pueden aportar conocimientos sobre uno mismo, sobre las decisiones, sobre el porvenir y sobre todo lo que permanece oculto en el mundo interno con respecto a la naturaleza del mundo y el destino humano.

El tarot reconoce que el Cosmos tiene una parte tangible, que es la naturaleza y una parte intangible, que es algo que podemos denominar espíritu, energía, o Dios.

La naturaleza tiene sus propias leyes y sigue un camino evolutivo buscando la perfección. Contiene toda la materia existente y se rige estrictamente por dos códigos que son: el orden, que implica un ciclo evolutivo; y la duración, que significa que todo lo que nace, tiene su período de vida y muere.

El universo tangible no puede ser su propia causa, porque es una sucesión de causas y efectos sin principio ni fin, el universo intangible tiene que ser la causa del universo tangible, el cual es más difícil de describir ya que no se puede percibir con los sentidos; y por esa razón ha provocado muchas especulaciones filosóficas y religiosas.

Pero también se puede intentar aproximarnos al universo intangible mediante la observación de las consecuencias tangibles que producen las causas intangibles.

La naturaleza actúa como si tuviera un impulso poderoso que le ordenara en forma permanente progresar.

La primera ley de lo intangible es que la única cosa que no cambia es el cambio.

La segunda ley de lo intangible es que existe un cambio cíclico.

La tercera ley de lo intangible es que existe un cambio secuencial.

Pareciera que hubiera un maestro en lo intangible, pero como el Tarot no quiere formar parte de ninguna filosofía o religión lo llamará AZAR, no el azar del universo tangible sino el azar del origen de lo intangible.

El hombre es como el cosmos, es un microcosmos, un universo tangible y un universo intangible; por lo tanto tiene dos maestros, la naturaleza, maestro implacable y el Azar, maestro sublime.

Las luchas entre lo material y sublime del hombre han producido su evolución.

Cada elemento de la naturaleza está bañado por su propio océano intangible que los chinos denominan energía de la esencia, o Chi; y sin esa energía no hay vida.

El cerebro manda sobre las partes tangibles del hombre, es el maestro de lo tangible que obedece a algo mucho más poderoso que él.

El cerebro ejecuta pero no hace nada por sí solo, porque el ADN posee la energía Chi esencial.

En el hombre la conexión entre el mundo tangible y el intangible es el yo o ego, un mini agujero negro, porque es el punto en el que la materia tangible parece desaparecer escapando al orden y a la duración.

El ego es la inteligencia que se puede comunicar con el cerebro mediante tres formas de comportamiento:
físico,
sensible y
mental, que es el que determina lo que conviene y lo que no le conviene a un sujeto, en función de sus valores; y de esa forma fabrica reflejos condicionados, reaccionando a los estímulos.

La respuesta espontánea no es del ego, como enamorarse o salvar a alguien en peligro, porque viene de lo intangible, pero engendra sufrimiento en el mundo tangible, porque el sujeto actúa sin tener en cuenta su escala de valores del mundo tangible que le dice lo que le conviene o no le conviene.

Fuente: “El tarot”; “Tchalaï Unger.

(CONTINUA SEGUNDA PARTE)

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