Filosofía

El placer estético

Publicado por Malena

El placer estético nos hace sentir plenos; pero no se trata de una sensación de plenitud sino de una satisfacción de otra naturaleza diferente a la meramente sensual, aunque se capte con los sentidos; porque la emoción que proporciona la armonía de la belleza es de un orden distinto. Tampoco es un placer intelectual, producto de la reflexión o del razonamiento, ni algo material que deseábamos, sólo es aquello que se revela ante nosotros y nos conmueve el alma.

La belleza tiene el poder de fascinarnos con su armoniosa forma, porque puede terminar con nuestra permanente dualidad y proporcionarnos paz interior.

Una bella música o un paisaje que de pronto descubrimos y nos abruma, nos hace sentir mejor con nosotros mismos y nos libera del conflicto entre el cuerpo y la mente.

El placer estético es una experiencia de lo permanente y eterno, logrando el genio del artista con su obra interrumpir nuestro diálogo interior.

Este estado de fascinación no depende de ningún criterio artístico externo sino de la propia subjetividad.

El placer estético surge con la sorpresa porque tiene que ser original; y esa condición es la que permite salir de los habitual y cotidiano o sea de todo aquello que nos separa de nosotros mismos.

El genio no puede explicar su genialidad porque no sabe de dónde procede su inspiración, pero la belleza de su obra tiene el poder de rescatar lo universal de la naturaleza humana, de generar el impulso de compartir con otro el mismo placer y de lograr unir a los hombres para el goce común.

La experiencia de la belleza hace surgir en nosotros la idea de un Dios creador, o sea que tiene un sentido, no para pensarlo sino para vivirlo.

La belleza tiene mayor fascinación sobre nosotros cuanto más poder tiene de transmitirnos valores y el peligro es que nos seduzca hasta el punto de estar dispuestos a creer en ellos sin cuestionarnos.

Esa seducción es propia de la genuina belleza de las formas, que nos obliga a creer en la verdad de los valores que invoca, porque esa perfección es pensada como una prueba de la existencia de Dios y representa la dimensión espiritual de nuestra sensibilidad.

La belleza nos relaciona con otros tiempos, nos revela estados de ánimos y sentimientos universales que podemos comprender sin reflexionar; porque su sentido está unido a la materia.

La belleza en el arte nos conmueve porque simboliza ideas, valores y arquetipos; y el símbolo es lo que le da el significado.

Descubrimos la belleza de la naturaleza después de haber visto una obra de arte que la refleja.

Según Freud, el instinto humano puede ser sublimado para ser satisfecho por la belleza de las formas creadas por el genio y se relacionan con sus pulsiones; y es la cultura la que nos brinda la posibilidad de sublimar. La obra de un genio nos conmueve precisamente porque expresa la sublimación de sus pulsiones.

La belleza está también en lo inconfesable, la fealdad y el mal, porque despierta lo que no tiene forma en nuestro inconsciente.

Aristóteles señala que el teatro que conmueve, alivia las tensiones del público porque produce una catarsis que tiene el sentido de aminorar una culpa y el deseo de purificarse.

Fuente: “Una semana de filosofía”, Charles Pépin, Edic. Claridad, 2010

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