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La experiencia filosófica y sus formas I: Introducción

Publicado por Esteban Galisteo Gámez

El pensamiento filosófico occidental se ha manifestado motivado por diversas experiencias humanas, variando estas en cada época. Las cuestiones siempre han sido las mismas, aunque su formulación y las diversas soluciones a estas han venido configuradas por las experiencias filosóficas que han modelado el pensamiento occidental. Así, por ejemplo, una de las diferencias fundamentales entre el pensamiento griego y el medieval, es que el primero nace de la experiencia de la admiración, mientras que el segundo está motivado por la experiencia de la trascendencia, es decir, la experiencia de la creencia en un Dios creador, un ser superior, perteneciente a un ámbito distinto del mundo material y superior a este.

Experiencias filosóficas

Desde esta perspectiva, merece la pena que le dediquemos aquí una serie de posts a las distintas experiencias filosóficas, al menos a las principales. Por lo que respecta a esta entrada, será una introducción a las distintas experiencias, en las que hablaremos brevemente de ellas.

La experiencia de la admiración

La filosofía (occidental) surgió en Grecia hacia el siglo VII a. C., de la mano de Tales de Mileto. Surgió como una nueva forma de explicación del mundo y de la experiencia humana, en contraposición, aunque no del todo, a las explicaciones míticas. Estas explicaciones, las míticas, eran explicaciones ad hoc sobre las cuestiones que siempre habían preocupado al hombre. Además, colocaban a los seres humanos en un estado de pasividad: el hombre se sabía incapaz de solucionar los problemas de su propia vida.

Es la admiración ante un mundo cambiante y en movimiento, por lo que respecta a los individuos (este hombre, este árbol, esta piedra, etc.), pero siempre idéntico e inmóvil, por lo que se refiere a las clases de cosas (el ser humano, los árboles, las piedras, etc.) la que da origen a la filosofía. Cada hombre particular, Paco, Tales, Platón, etc. nace, crece, se mueve, cambia, etc., pero la clase de los hombres es siempre la misma. La filosofía griega parte del reconocimiento de la propia ignorancia ante esta cuestión y otras similares y, desde esta perspectiva, surgirá la filosofía occidental.

La experiencia de la trascendencia

La cultura cristiana es harina de otro costal: el mundo, y el hombre, han sido creados por Dios, ser bueno, omnisciente, omnipotente, etc. y esta es la verdad revelada. El mundo es una creación a partir de la nada por obra y gracia de Dios. Por su parte, el ser humano es la parte central de la creación, hecho por Dios a su imagen y semejanza. La filosofía medieval se desarrollará en este marco, tratando de conjugar la razón, a la que no le cuadra la revelación, con la fe, que es creencia sin pruebas en la revelación.

La experiencia del valor de la experiencia

La modernidad está marcada por la revolución científica protagonizada por Kepler, Copérnico y Galileo y culminada con Newton. La ciencia se torna en modelo de adquisición de conocimiento, debido a sus espectaculares resultados: se impone la matematización en la ciencia y la filosofía pretende imitar este aspecto. Asimismo, el método inductivo, que también ha dado sus frutos provoca una nueva valoración de la experiencia, la cual se convertirá en fundamento del conocimiento para el empirismo inglés. Y en Kant será vista como la que proporciona el contenido a cierto tipo de conocimiento.

La experiencia de la explotación

La Revolución industrial trajo consigo importantes cambios sociológicos y culturales. La gente emigra del campo a la ciudad, dejan de ser labradores para convertirse en operarios en las emergentes fábricas y en talleres. Surge así una explotación de la mano de obra, del asalariado al que se le paga un sueldo por su trabajo que le permite subsistir a duras penas. Esta experiencia motivará buena parte del pensamiento del siglo XIX y posterior: el anarquismo y el comunismo son dos filosofías políticas motivadas en esta experiencia.

La experiencia de la comunicación

A finales del siglo XIX y principios del siglo XX se produjo el llamado «giro lingüístico» en filosofía. La experiencia de la comunicación es la que motivan las filosofías centradas en el lenguaje, tanto las analíticas como las continentales, que se desarrollan en esta época y hasta nuestros días. Si bien el lenguaje siempre ha sido objeto de reflexión filosófica, en la medida en que era considerado como el vehículo del pensamiento, a partir del giro lingüístico se va a ir más allá, al entender que el pensamiento es lenguaje, que el lenguaje constituye nuestro conocimiento y que nos movemos en un mundo lingüísticamente configurado.

La experiencia de la angustia

La Revolución científica de la Edad Moderna y el pensamiento ilustrado que surgió con ella, desplazan a Dios como horizonte de sentido, lo que supone, a su vez, desplazar la vida eterna como placebo para lo que, a ojos de Heidegger, es la más cierta de las verdades: todos y cada uno de nosotros morirá y lo sabemos. La existencia humana se postula como problema central, a la luz de la finitud de la vida, lo que provoca un constante estado de angustia en el ser humano. La filosofía existencialista surge así de la mano de Heidegger, siendo su antecedente más directo Kierkegard, y sus representantes más paradigmáticos Jean-Paul Sartre y Albert Camus.