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Senilia: el arte de envejecer

Publicado por Ruben Avila

Tras la muerte de Schopenhauer, se descubrieron varios escritos no publicados, entre los que se encontraba un manuscrito de unas 200 páginas, cuyo comienzo es el siguiente: «Este libro se titula Senilia, comenzado en Frankfurt a. M. en abril de 1852». Si tenemos en cuenta que el filósofo Alemán murió el 21 de septiembre de 1860, esto significa que Schopenhauer pasó más de ocho años, los últimos de su vida, confeccionando el mencionado libro, una suerte de reflexiones y aforismos, en los que quedan condensados buena parte de sus pensamientos morales y sobre el mundo.

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A lo largo de las líneas de Senilia quedan patentes las filias y fobias de Schopenhauer encerradas en frases directas y sin remilgos. «Para ser sinceros: los seres humanos son los diablos de la tierra y los animales las almas atormentadas». Su amor a los animales y su misantropía quedan reflejados en pensamientos como el anterior. Sin embargo, cualquiera que conozca su obra, descubrirá en estas sentencias la calma del que se encuentra cercano a la muerte, más que al misántropo y criticón (bocazas dirían algunos) de su juventud, descubrimos un anciano más bien satisfecho, más sabio y tranquilo. Sobre todo en la última parte, que equivale a sus últimos momentos en la tierra.

El objetivo de la filosofía
Alguien que ha pasado toda su vida filosofando, al final de ésta, no puede más que preguntarse sobre ella, sobre su objetivo y función. Así, en Senilia, descubrimos a un Schopenhauer pegado a la vida, que considera que la filosofía no debe ver a ésta desde su atalaya, describiéndola de forma neutral, «cosificándola». Al contrario, debe dotar a la vida de significado, de una guía, una senda por la que caminar. Así, como asegura Franco Volpi, «tal filosofía implica inteligencia práctica y cuidado de sí mismo». Es decir, debe ser una filosofía práctica.

El final de la vida
El propio Schopenhauer, a lo largo de su obra, ya había planteado su concepción respecto a la vejez, y el resto etapas vitales. Así, en su Parerga und Paralipomena nos dice que mientras que «en la juventud predomina la opinión, en la vejez el pensamiento: de ahí que aquélla sea el tiempo de la poesía y ésta más bien de la filosofía», así que sólo el que llega a viejo «recibe una representación completa y comedida de la vida», ya que puede verla desde su final, y no sólo en sus comienzas. Mientras que los primeros años (40 años según Schopenhauer) nos suministran el texto, los 30 siguientes, nos permiten el comentario.

El padre del pesimismo, el misántropo por antonomasia, nos muestra otra cara, más calmada, un análisis sin compromisos pero comedido de su pensamiento y reflexiones. Sin duda alguna sigue siendo Schopenhauer pero «en sus últimas anotaciones y fragmentos aparece como el maestro del arte de vivir, mostrando familiaridad con las reglas y estratagemas del así llamado ars bene vivendi». Con el arte del buen vivir.

En un tiempo, como el nuestro, donde más personas llegan a la senectud, donde se precisa un análisis profundo de lo que significa envejecer y las necesidades que conlleva, son necesarias reflexiones como las que lleva Schopenhauer en Senilia.

Fuente: El arte de envejecer; Arthur Schopenhauer

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