Filosofía

Los no ciudadanos

Publicado por Ruben Avila

Llevamos un par de semanas publicando una serie de artículos sobre La teoría de la justicia de Rawls, analizando tanto su figura como sus principales herramientas conceptuales, como son la posición original, el velo de la ignorancia, los dos principios de justicia o los bienes primarios. Como asegurábamos en nuestra primera aproximación al autor estadounidense, la importancia que ostenta dentro del campo de la filosofía política es tal que merece ser explicado con algo más que un artículo – aunque para ser sinceros necesitaríamos mucho más espacio para analizar en profundidad su pensamiento. Sobre todo, cuando al final de la serie nuestra intención era mostrar desde un punto de vista crítico esas herramientas metodológicas que anteriormente habíamos mostrado.

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La injusta posición original

Teniendo presente que la intención de Rawls era lograr una teoría justa, o lo más justa posible, pretender que sus bases son todo lo contrario, es decir, terriblemente injustas, supone intentar asestar un golpe de muerte a sus pretensiones, pero es la forma más honesta de actuar.

Rawls considera a individuos que piensan en sí mismos como representantes del resto de la humanidad, sus decisiones determinarán las leyes e instituciones para el resto. Y aunque esa posición original sea una ficción, las normas que surgen de ella no pretenden serlo. Así que para lograr que sean lo más justas posibles, ciega a los representantes para que al no saber sus circunstancias personales, no se atrevan a despojar por completo a un clase de personas en particular. Por ejemplo, si yo no sé si cuando el velo se levante seré hombre o mujer, me cuidaré de instaurar el máximo de igualdad posible entre ambos sexos, no vaya ser que resulte que me encuentro entre el bando más perjudicado.

Sin embargo, aunque esto sea cierto, y pueda resultar una forma de elección justa, nos encontramos que las dos facultades morales, de las que sí son conscientes los representantes, determinan un tipo de persona en concreto. Es decir, ellos saben que no se pueden encontrar entre la clase de personas que carecen de alguna de esas facultades. Entonces, ¿por qué preocuparse de ellas? Si hemos establecido que sólo mirarán por su propio interés. Así, personas con determinadas características intelectuales, siguiendo el modelo de elección de la posición original, pueden quedar completamente fuera del modelo de justicia que se está creando. Pero, ¿puede ser justa una teoría que expulsa y excluye a un número indeterminado de personas por sus características físicas, intelectuales o sensoriales?

Los no-ciudadanos. Las no-personas

La respuesta que encontramos es descorazonadora: para Rawls, una persona será quien posee las dos capacidades morales y, además, «una persona es alguien que puede ser ciudadano, esto es, un miembro de la sociedad plenamente cooperante durante una vida entera».

Como vemos, un individuo al que sus características físicas le impidan cooperar plenamente durante su vida y de la manera indicada, no será ciudadano; un individuo que no puede ser ciudadano, tampoco puede ser persona. Y, en cualquier caso, aquellos que tengan mermada alguna de esas dos facultades morales, no será considerado persona.

Imagen: un-plop.blogspot.com.es

Fuente: Justicia como imparcialidad: política, no metafísica; John Rawls

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