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El Pensamiento Individual

Publicado por Malena

El mito del héroe es la epopeya de un hombre individual que es capaz de realizar una verdadera hazaña; y la más importante de las hazañas que puede realizar el hombre es llegar a ser él mismo.

Es un mito que nos enseña que un hombre solo, si se lo propone puede hacer cualquier cosa, inclusive cambiar la historia.

Pero también muchos hombres reunidos entre si e inspirados por las mismas ideas pueden lograr grandes objetivos, en forma más fácil y tal vez menos cruenta.

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El hombre individual tiene el poder de oponerse a la mayoría, porque es un ser libre que tiene la capacidad de elegir, y aunque puede coincidir en algunos puntos de vista con otros hombres sobre algunos aspectos de la realidad, nunca su forma de pensar será idéntica a la de otro hombre.

La influencia social es formadora de opinión e incide en la toma de decisiones, si es que el individuo se comporta automáticamente sin evaluar los hechos objetivamente y sin compromiso personal.

Ser consciente y no dejarse manipular consiste en tomar la distancia suficiente de los demás y de los acontecimientos que suceden, para poder evaluarlos objetivamente comprometiéndose con una postura personal.

Consiste en abandonar los automatismos y los condicionamientos, y poder pensar por si mismo a la luz de la razón y del corazón, respetando la propia jerarquía de valores.

Nunca el pensamiento individual va a coincidir con otro, porque somos únicos e irrepetibles, pero sí se puede discriminar qué es con lo que se está de acuerdo y qué es en lo que discrepamos.

Una discrepancia no significa que vaya a contaminar todo el resto de las ideas de una doctrina, al contrario, es bueno que existan para perfeccionarlas, porque nada es perfecto sino perfectible.

Sin embargo, la historia nos muestra que cuando existen diferencias, la mayoría de los hombres pertenecientes al poder, opta por anular, borrar, destruir, ocultar o hacer desaparecer al oponente y no aprovechar nada de su pensamiento, mientras tanto, por su parte, el pueblo se confabula para destruirlos.

Porque el poder viene acompañado de soberbia y prepotencia de los que creen saberlo todo y tienen la idea de que no existe nadie que piense mejor que ellos, y el pueblo en lugar de trascender sus pasiones, se enceguece y no puede ver más allá de su orgullo herido.

El ser humano pensante no debería adherirse a ideales preconcebidos ni dejarse influenciar por la propaganda, sino que tiene que aprender a evaluar los hechos y sin temor al “qué dirán los demás de mí si pienso así” decidir con el corazón y con la razón.

El pensamiento de los pueblos no es estático, sino cambiante, y la gente cada vez menos se compromete con una idea porque es capaz de cambiarla al día siguiente por otra diferente.

Ese mar de pensamientos individuales vaga en un océano en movimiento y está siempre a merced del viento.

Porque son ideas no arraigadas, con poco fundamento, que generalmente han sido copiadas sin ningún juicio critico de figuras con quienes se identifican, en oposición a todo y a favor de nada.

No podemos culpar a los demás de nuestra propia inoperancia. Tenemos el derecho de disentir pero no tenemos el derecho de destruir.

El disenso sostenido y la coherencia interna son las armas que tienen los individuos para poder participar en el mundo, sin dejarse llevar por emociones populares, aparentes causas justas, ni por discursos magistrales.

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