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El problema del mal

Publicado por Esteban Galisteo Gámez

Si usted es cristiano, judío o musulmán creerá, con toda seguridad, en un Dios que sabe todo lo que es lógicamente posible saber (esto es, un Dios omnisciente), que pude hacer todo lo que es lógicamente posible hacer (esto es, es omnipotente) y que es perfectamente bueno. En este caso se enfrentará a un problema teórico bastante gordo y que es, seguramente, irresoluble. Este problema ha recibido el nombre de “problema del mal” y viene a cuestionar la existencia de un Dios del tipo postulado por las religiones mencionadas sobre la base del hecho incuestionable de que existe el mal.

El mal

el problema del mal

El bombardeo de Guernica pone en duda la existencia de Dios.

Si existe un Dios bueno, omnisciente y omnipotente, ¿cómo puede ser que mueran niños por enfermedades incurables? ¿Cómo puede haber epidemias que mermen la población mundial? ¿Cómo se explican las guerras? ¿Por qué estamos condenados al sufrimiento? Estos hechos, conocidos por todo el mundo, ponen en duda la existencia de un Dios bueno, omnipotente y omnisciente. Ponen en duda su bondad puesto que de serlo evitaría estos males, tendría una disposición a evitar que tales cosas ocurrieran. Ponen en duda su omnipotencia porque entonces podría haber creado un mundo en el que no existiera el mal y de existir evitaría que se produjera. Y ponen en duda su omnisciencia porque si es bueno y omnipotente, entonces no tiene conocimiento del mal ni del sufrimiento humano.

El que cree en Dios tiene fe y eso significa que nunca se bajará del burro. Es por esta razón que desde el teísmo se han elaborado algunas doctrinas que concilian la existencia de un Dios bueno, omnipotente y omnisciente con la existencia del mal. Las veremos a continuación.

La doctrina del bien mayor

En su ánimo por defender la existencia de Dios, los teístas construyeron una doctrina según la cual la omnipotencia y la bondad de Dios no le impiden, de ninguna manera, permitir el mal. En efecto, tal vez que un niño muera en la cama de una extraña enfermedad sea un paso hacia un bien que supere ese mal. Es decir, la idea es que muchas veces para conseguir un bien superior hay que sufrir un mal menor. Por supuesto, para el individuo que lo sufre el mal no es menor ni el bien mayor, más bien el mal es mayor y el bien es inexistente. Sin embargo, los teístas que están dispuestos a defender la doctrina del bien mayor creen en la existencia de una vida tras la muerte, de modo que la persona que sufre este mal en aras de un mayor bien sería compensado en la otra vida.

Desde el punto de vista de esta pintoresca doctrina, nadie pierde y todos ganan. No obstante exige mucha fe por parte del candidato a sufrir un mal menor en aras de un bien mayor, en la medida en que la única garantía que tiene de ser compensado en la otra vida son los argumentos de los teístas. Y, por supuesto, esos bienes mayores que justifican la existencia del mal no son epistemológicamente accesibles al ser humano, es decir, estos no pueden ser conocidos por un ser tan limitado como el hombre, sino solo por Dios. No obstante, los teístas parecen haber llegado aquí a un estadio de conocimiento superior de los planes divinos, cuasi místico, en la medida en que ellos sí que se muestran muy seguros de que el mal existe porque es necesario para un bien superior.

La doctrina de la suma bondad del libre albedrío

Según algunos teístas distraídos, el mayor bien es el libre albedrío, el cual permite a los humanos elegir entre el bien y el mal. Cuando estos eligen el mal, mala suerte para los demás. No obstante, cualquier hombre al elegir el mal habrá hecho uso de la cualidad más bondadosa otorgada por la divinidad, a saber, su libertad. Esta doctrina justifica el mal causado por el hombre, sin embargo, existen otros muchos males en los que no hay responsabilidad humana, tales como los tornados, los volcanes en erupción, las enfermedades, las inundaciones, etc. A los teístas esto no les supone un agravio, pues ve estos males como una oportunidad para realizar actos heroicos, buenas acciones que sin una enfermedad de por medio no se llevarían a cabo.

Esta doctrina puede funcionar para pequeños volúmenes de mal, como por ejemplo un niño enfermo o una inundación en una aldea, sin embargo en la actualidad en los que los volúmenes de mal son de tamaño considerable, tales como genocidios masivos, accidentes en centrales nucleares, guerras mundiales, actos terroristas multitudinarios, etc. la doctrina hace aguas Esto por lo que refiere al mal sin responsabilidad humana. Por lo que respecta al mal con responsabilidad humana, se enfrenta al problema de que el libre albedrío no necesita de postular a ningún Dios. Es decir, la acción humana malvada puede explicarse apelando a la libertad humana, pero la libertad humana no necesita de ninguna deidad que la soporte o justifique.

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