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Culpa y Responsabilidad

Publicado por Malena

La culpa es la voz de la conciencia del si mismo que intenta recobrar el equilibrio perdido.

Pero la culpa no existe, ni tampoco sirve para nada, sólo no nos deja disfrutar del momento presenta y nos ata al pasado que es imposible recobrar.

No somos culpables sino tal vez irresponsables, porque no hemos podido, sabido o querido responder a los requerimientos existenciales que tal vez hubiéramos podido satisfacer.

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Los acontecimientos suceden y no siempre podemos evitarlos, porque siempre dependen de otros y también de circunstancias que no podemos controlar; y actuamos según el nivel de conciencia que tenemos en un momento dado, porque no somos perfectos y no siempre nuestra falta de respuesta es deliberada.

Pero somos responsables de nuestras acciones, de todo aquello que promovemos con nuestra intención, de lo que deseamos, de lo que hacemos o decimos y hasta de lo que omitimos.

El egoísmo es el enemigo más importante de la responsabilidad; esa incapacidad para ver más allá de uno mismo, para sentir por otro, para evitar hacer sufrir a otro.

Se puede ser feliz sin hacer daño, siendo fiel a uno mismo y leal a los demás.

Somos esclavos de nuestras palabras y dueños de nuestros silencios, pero igualmente no podemos evitar nuestro compromiso con los otros.

Porque sin los otros sencillamente no tendríamos conciencia de nosotros mismos y ni siquiera existiríamos.

El hombre desde que nace está en deuda, le debe la vida a su madre y a su padre asi como también su crecimiento y desarrollo, a sus maestros sus conocimientos y el mundo en que vive a sus ancestros. No tiene derecho a despreciar lo que existe, si al mismo tiempo no es capaz de crear algo mejor.

El mundo no es perfecto ni justo, porque tampoco somos perfectos y justos nosotros mismos.

Mientras vivamos nos tendremos que hacer cargo de nuestras circunstancias y de todos los resultados de nuestras acciones, respondiendo a nuestras obligaciones.

La paz interior es el objetivo más difícil para un ser humano, porque es cuando se logra aceptar el mundo tal cual es y cuando se puede disfrutar de cada momento como es, sin sentir necesidad de ninguna otra cosa.

El hombre se pasa la vida cambiando lo que es y ese proceso le lleva a crear una vida artificial que tampoco lo llega a satisfacer nunca.

Cambiamos el mundo según apetencias individuales sin tener en cuenta al resto ni el entorno, sin embargo, sólo logramos una satisfacción inmediata que se disipa ni bien conseguimos lo que anhelamos, para dar lugar a un vacío cada vez más difícil de llenar.

En las sociedades altamente desarrolladas, cada día que pasa el hombre se vuelve más individualista y más sofisticado.

La extravagancia llega a límites insospechados, mostrando una indiferencia total hacia el resto de los mortales que apenas pueden satisfacer sus necesidades de subsistencia, surgiendo de esta forma de vida egoísta, el racismo y la discriminación hacia los que viven otras circunstancias.

Sin embargo, esta gente que se considera privilegiada no logra ser feliz, porque la depresión, los ataques de pánico, y las fobias no los dejan disfrutar de la vida.

Se sienten culpables de algo que no saben qué es y tienen un vacío en el alma que no pueden llenar con nada.

Nadie nace con un manual de instrucciones para vivir, sin embargo, el que aprende a Ver, puede darse cuenta cual es el verdadero camino que le puede dar significado a su propia vida.

Sólo el que se atreve a seguir esa senda, sin dejarse influenciar por la mayoría desorientada, neurótica y confundida, se liberará de la culpa y encontrará la paz interior.

No hay que hacer nada, sólo aprender a Ver, estar disponible y responder.

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