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Dos tipos de responsabilidad

Publicado por Ruben Avila

¿A quién no le han dicho de pequeño que debía ser un niño o niña responsable? Que debía hacer los deberes, ir a la escuela, ayudar a sus padres y comportarse bien, sin llorar ni armas follones. Eso es lo que significa ser responsable para alguien de, no sé, diez años. Porque para un adulto ser responsable sería tener un trabajo con un sueldo que le permite tener una casa (si no es en propiedad, por lo menos en alquiler), que tampoco monte muchos follones y que sea moderadamente discreto. Sin embargo, podemos entender la responsabilidad en un sentido más amplio y diferente.

dos tipos de responsabilidad

Si nos damos cuenta, la responsabilidad, como se ha definido en el párrafo anterior, nos lleva a cuidarnos a nosotros mismos. Es una responsabilidad egoísta, del yo para el yo. El otro aparece de soslayo, como algo que existe, que es inevitable relacionarse con él y, probablemente, positivo, pero en tanto y cuanto podamos sacar algo de él. Los estudios, el trabajo o el no “montar follones” se entienden en buena medida como métodos para potenciar el ego.

Pero, claro, podemos entender la responsabilidad desde otro punto de vista. Más concretamente, desde ese otro del que antes nos hemos distanciado. De ahí que escuchemos términos como responsabilidad social empresarial, medioambiental, etc. Cuidar el entorno, a los animales, a las plantas, a los seres humanos… A todo el conjunto de seres vivos que habitan la tierra… Buff, suena agotador. Además de imposible de llevar a cabo. Sin duda alguna parece más sencillo de llevar a cabo la primera tarea, la de cuidarse a uno mismo, quizás a los más cercanos, pero nada más.

Dostoievski, en una de sus obras más famosas, Los hermanos Karamazov, sentenciaba que todos somos responsables de todos y yo más que nadie. Donde ese yo es cada uno de nosotros, claro. Esa responsabilidad culpable es la que eleva Levinás hasta asegurar, aunque él mismo asegura que es fácil entender más de lo que se debe entender, que cada uno es responsable hasta del propio mal que le inflige el otro. Ya que al ser responsable de todos, es responsable de ese otro y, por tanto, de lo que haga él.

Es fácil pensar que lo que nos asegura el filósofo lituano es una especie de salvoconducto para cualquier fechoría. Pero no. Ya que él mismo asegura que si la injusticia que sufrimos es nuestra responsabilidad no lo es así la que sufre el otro. Y, claro, yo soy otro para los demás.

En cualquier caso, nos encontramos con dos clases de responsabilidad. Una que nos conmina al autocuidado (la responsabilidad con el yo) y otra que nos lleva más allá (la responsabilidad con el otro), que nos saca del sí mismo para enfrentarnos con lo ajeno, con el rostro que nos presentaba Levinás, con lo insondable, porque la existencia es lo inconmensurable, como decíamos en nuestro artículo anterior. Somos responsables de aquello que no comprendemos y que no podemos comprender, de aquél que nos mira pero que no vemos.

Imagen: tumundoescolar.net

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