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Poesía maldita

Publicado por Ruben Avila

Para Epicuro y sus seguidores el arte era un tema secundario y, en muchos aspectos, nocivo. Así pensaba Epicuro de la poesía, cuando aseguraba que los poetas debían ser alejados de las ciudades, porque creaban mitos y corrompían a los ciudadanos. Por otra parte, una opinión similar a la que tenía Platón. Aunque no exactamente por las mismas razones.

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En cualquier caso, los epicúreos veían con malos ojos el arte. Ellos lo evaluaban únicamente desde un punto de vista práctico. Recordemos que así veían el mundo en general, así que el arte no tenía por qué ser diferente, según su visión. Así que para ellos sólo tenía valor cuando es útil y, teniendo en cuenta su utilidad, es agradable.

Naturalmente, de lo anterior se colige que no admitían que el arte pudiera regirse por sus propias reglas. No entendían que en el mundo del arte tal vez lo útil no debería ser una vara de medir. En definitiva, para los epicúreos el arte no era autónomo.

Entender la realidad que nos rodea desde un punto de vista tan restrictivo nos lleva concebir el mundo como un mero instrumento. Lo que sencillamente es una negación de lo que somos. Por si hay alguna duda, la mayoría de los seres humanos no actúan así. No sólo hacen lo que les resulta útil o placentero. O, mejor dicho, no sólo HACEMOS. Pero desgraciadamente es una opinión extendida que establece los criterios de elección y acción humana únicamente en el lado del egoísmo, obviando sentimientos tan humanos como la compasión o la simpatía, que nos hacen querer, como también lo hace la razón, la justicia por sí misma, y no sólo por su utilidad.

Es un error entender los criterios éticos exclusivamente desde un punto de vista de su supuesta utilidad. Y, en la misma medida, lo es entender el arte únicamente desde criterios de utilidad. Pero, claro, los epicúreos no compartían esta opinión, y es de ellos que estamos hablando.

Así, para Epicuro y sus seguidores aunque los poetas escriban según les parece, según sus politis versibus, se deben someter, inexorablemente, a determinados universales del hombre. Llegando a afirmar que en poesía no se debería decir más de lo que la ciencia reconoce como verdadero.

Es terrible encadenar de esta manera a la poesía, con lo que no se le convierte más que en un siniestro espectro, en una pobre sombra de lo que puede llegar a ser. Encerrada de por vida entre los muros de lo verdadero, jamás podrá mostrarnos todo lo que queda más allá. A decir de Epicuro, solamente «el sabio podrá hablar correctamente sobre música y poesía». Relegando a los poetas que nos engañan con sus fantasías, siempre a su parecer, claro.

Así que no hay lugar para los poetas en la ciudad de los epicúreos. O, para ser más exactos, para los primeros epicúreos, porque con el paso del tiempo la escuela evolucionó y surgió una alternativa, otra forma de ver al arte, menos restrictiva y mucho más amable.

Imagen: escomberoides.blogspot.com.es

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