Filosofía

Pankalia

Publicado por Ruben Avila

Los estoicos veían belleza en cada partícula del universo. De hecho, como ya vimos, Cicerón, hablando de ellos, aseguraban que consideraban a la naturaleza el mayor artista. Nadie comparable a ella, ningún humano podría crear algo que se asemejase a lo que la naturaleza ha creado. Pero, ciertamente, esta tesis tampoco era 100% novedosa. Al igual que les pasaba a los epicúreos cuando consideraban al arte y la belleza como subjetivos y sin reglas universales, que no hicieron más que seguir la senda abierta tiempo atrás por los sofistas —aunque, eso sí, exacerbándola hasta el punto de denostar al arte, cosa que no hacían los sofistas—, los estoicos seguían a los pitagóricos, que pensaban que el orden gobierna el mundo; o a Heráclito que creía que el mundo estaba regido por la armonía; o a Platón, que lo consideraba como un todo orgánico; o a Aristóteles, que consideraba que el mundo tenía una finalidad. Con un poco de aquellos, de aquél, de ese y de este, como si introdujéramos los condimentos en una marmita, descubrimos la tesis estoica, calentita y lista para tomar.

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La Pankalia

Sin embargo, como también hicieran los epicúreos con sus tesis, los estoicos abrieron una brecha importante con sus predecesores. Doblando la apuesta, e incluso triplicándola, ya que no sólo veían armonía, orden y fin en el mundo, sino que, además, plantearon la universalidad de la belleza. Esa pankalia, que dice Tatarkiewicz, que se asentará en época posterior, particularmente en la estética cristiana, pero que nació con los estoicos.

Así, Posidonio escribió que: «El mundo es bello, y resulta evidente por su forma, su color y la variedad de los astros en el mundo; pues el mundo es esférico y ésta es la mejor de todas las formas… y su color es hermoso… y es bello por su magnitud. En efecto, es hermoso lo que contiene todas las cosas de la misma naturaleza, como un animal y un árbol. También esos fenómenos completan la belleza del mundo».

La forma, el color y la variedad de astros son definitorios para establecer la belleza del mundo, a decir de Posidonio. Pero no sólo en eso nos debemos fijar. También la hermosura de lo que el mundo contiene, también los animales o los árboles… nos sirven para establecer su belleza.

Así que cada elemento, cada partícula que está esparcida por el universo, dirían los estoicos, es una muestra de que el mundo es bello. Los seres vivos, los inanimados, los astros, los cometas, todo es una muestra palpable de su belleza.

Por supuesto, tener esta concepción del mundo condiciona no sólo cómo se ve éste, sino cómo se ve cada uno a sí mismo. Que nuestra mirada, se pose donde se pose, vea belleza, sienta el placer de lo bello, tiene que forjar un tipo de espíritu diferente de aquél que ve sólo fealdad a su alrededor. De eso no parece que quede duda.
Claro, la duda nos puede surgir sobre la verdad de la afirmación de la belleza del mundo. Quizás no sea más que un auto-engaño para alejar la desesperación. ¿O no?

Imagen: pankalia.net

Categorías: Filosofía y Arte