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Historia de la estética (XVI): el Romanticismo

Publicado por Esteban Galisteo Gámez

Durante el Romanticismo los teóricos del arte buscaron la esencia del arte, es decir, se preocuparon por desentrañar cuál era la naturaleza del arte. Desde este punto de vista, surgieron diversas concepciones al respecto.

El arte como expresión de las emociones del artista

La idea de que el artista expresa sus emociones a través de la obra de arte tuvo gran influencia durante el Romanticismo. La obra era como una ventana que nos abría la interioridad del artista, quien revelaba su personalidad. Críticos como Wordsworth, Arnold y Carlyle tomarán como criterio a la hora de juzgar las obras la sinceridad del artista.

El Romanticismo

Goethe fue un poeta romántico que tenía una teoría estética

La concepción simbólica del arte

La concepción según la cual la obra de arte es un símbolo o tiene, esencialmente, un carácter simbólico, es bastante antigua. No obstante, esta fue revitalizada, sobre todo de la mano de Goethe. La idea es que una obra de arte encarna un significado. La obra es material, el significado es inmaterial. De modo que la obra encarna un significado. Goethe, por su parte, distinguió entre el símbolo y la alegoría.

Hay que tener en cuenta que tanto Goethe, como los autores citados anteriormente, tenían en mente la poesía a la hora de elaborar sus teorías estéticas. Por otra parte, el simbolismo en poesía estaba en auge durante el Romanticismo, destacando en ese sentido poetas como Wordsworth, en Gran Bretaña, Jean MoréasRimbaud, Mallarmé y Baudelaire, en Francia, y el propio Goethe en Alemania.

Coleridge: organicismo e imaginación

Coleridge se dedicó tanto a desentrañar lo que pasa por la mente del artista cuando crea una obra de arte como a elucidar lo que esta era. En primer lugar, una obra de arte es para Coleridge un todo organizado. Los elementos de este todo orgánico están vinculados, formando una unidad profunda y sutil. Esta unidad orgánica cuenta con una vitalidad propia que brota desde dentro.

Por otra parte, por lo que al creador de la obra se refiere, este tendría un don, una facultad mental, que le permitiría catar la verdad de forma nítida. Este don es la imaginación. Esta concepción era compartida por los autores que antes hemos mencionado, sin embargo fue Coleridge el que la expresó más elocuentemente. Desde el punto de vista de Coleridge, la imaginación no se limita a crear, también descubre la naturaleza, además de lo que esta oculta. Además, establece una distinción entre imaginación y fantasía. En efecto, la fantasía la concibe como un «modo de la memoria», cuya función es asociar los datos recibidos por los sentidos. Por su parte, la imaginación es definida como la «facultad unificadora». Su función es disolver los datos de los sentidos y crear la novedad, esto es, la obra.

Coleridge distinguió, basándose en Schelling, entre imaginación primaria y secundaria. La primaria sería inconsciente. Esta es estaría envuelta en los procesos naturales y en la percepción. Por su parte, la imaginación secundaria, es la imaginación consciente. Esta sería la facultad de la que disfrutaría el artista y que le permite crear obras de arte.

En la próxima entrada dedicada a nuestra historia de la estética hablaremos de los dos principales autores del Romanticismo: Arthur Schopenhauer y Friedrich Nietzsche.

Bibliografía:
Monroe C. Beardsley y John Hospers (2007). Estética. Historia y fundamentos. Cátedra, Madrid.

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