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Historia de la estética (XI): el empirismo británico (I): la imaginación

Publicado por Esteban Galisteo Gámez

Francis Bacon (1561-1626) fue uno de los padres del empirismo británico, corriente filosófica que se caracterizaría por situar el origen, lógico y cronológico, del conocimiento en la experiencia, dicho en términos muy generales. Desde este punto de vista, en estética los empiristas pondrán el acento de su reflexión sobre la experiencia estética, es decir, sobre los aspectos psicológicos relevantes en el proceso creativo y los efectos psicológicos de la obra de arte sobre el observador de la misma. Desde esta perspectiva va a haber tres problemas centrales: la imaginación, el problema del gusto y las cualidades estéticas. Por nuestra parte, atendiendo a este tridente de problemas, hemos decidido dedicar una entrada a cada uno de ellos, de modo que el capítulo de nuestra historia de la estética dedicado al empirismo se dividirá en tres entradas. Dicho esto vamos a tratar ya el tema de la entrada, el papel de la imaginación en el arte.

Aunque la idea de que la imaginación desempeña un papel fundamental en el proceso creativo estaba ampliamente reconocida, lo cierto es que hasta el siglo XVII no se había llevado a cabo una investigación acerca de cómo actuaba esta facultad en tal proceso. Sin embargo, esto cambiará con los empiristas británicos. Los racionalistas no habían considerado el papel de la imaginación en el conocimiento, sin embargo Francis Bacon, en su Advancement of Learning (1605) le asignó a la imaginación el dominio de la poesía, poniéndola al mismo nivel que otras facultades, tales como la razón y la memoria.

Historia de la estética: Francis Bacon

Francis Bacon colocó la imaginación al mismo nivel de la memoria y de la razón.

Más tarde, en el Leviatán (1651) Thomas Hobbes realiza el primer análisis sistemático de la imaginación de la historia, concretamente en los primeros capítulos de la obra. Allí distingue entre la imaginación simple y la imaginación compuesta. La primera es pasiva y la define como «sentido decadente». Se trata de las imágenes o «fantasmas» que quedan en nuestra mente una vez el proceso fisiológico de percepción cesa. Por ejemplo, si veo mi ordenador y cierro los ojos, la imagen del ordenador que tenga responde a esta definición. Por otra parte, la imaginación compuesta, crea imágenes nuevas ordenando las viejas. Así, un unicornio nace de la ordenación de la imagen de un cuerno y de la imagen de un caballo. Esta imaginación funciona gracias a un principio de asociación. Y hasta aquí llega el análisis que hace Hobbes de la imaginación.

La teoría de la asociación de ideas no fue desarrollada por Hobbes. Tampoco John Locke llegó muy lejos en el desarrollo de esta teoría, ni siquiera teniendo en cuenta que en la cuarta edición de su Ensayo sobre el entendimiento humano (1700) añadió un capítulo titulado «De la asociación de las ideas». No obstante, en este capítulo Locke sí que mostró la desconfianza hacia la imaginación que era típica en el siglo XVII. De este modo entendía que la tendencia a asociarse que tenían las ideas era una patología intelectual, punto de vista que explicaría varios tipos de error. La imaginación es patente, según Locke, en el lenguaje poético. En este contexto, los ornamentos estilísticos del lenguaje son inocentes. Sin embargo, en el contexto de la verdad, recursos retóricos como las metáforas, los símiles, etc. son trampas para la mente.

No obstante, la teoría de la asociación de ideas terminaría siendo desarrollada por David Hume (1711-1776). De hecho, el desarrollo de esta teoría le sirvió a Hume para la explicación de muchas operaciones mentales. Hume analizó cómo se asociaban las ideas y llegó a la conclusión que estas lo hacían mediante relaciones de semejanza, relaciones causales y relaciones de proximidad. Por supuesto, todas estas relaciones eran puramente mentales. A partir del desarrollo de Hume, la teoría de la asociación de ideas fue ampliamente utilizada durante el siglo XVIII para explicar el placer causado por el arte.

Bibliografía:

Monroe C. Beardsley y John Hospers (2007). Estética. Historia y fundamentos. Cátedra, Madrid.

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