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El alma en Aristóteles

Publicado por Christian

El tratamiento del alma en Aristóteles carece de las fuertes connotaciones religiosas que hemos señalado en el anterior post, con Platón. En algunos artículos anteriores, ya de hecho exponíamos cómo la concepción aristotélica de la naturaleza se halla en cierto sentido presidida por una clara orientación de características biológicas que le presta el modelo básico de interpretación de la realidad.

Aristóteles

En este caso, es el biólogo quien pregunta por el alma. Para Aristóteles, el alma es fundamentalmente un principio básico, vital: el principio en sí de la vida. Utilizando los conceptos básicos de su filosofía, éste define al alma como forma del cuerpo, que sería materia, y como acto, que en este punto, sería un organismo evidente que posee potencialmente la vida, y que, por ello, es en potencia viviente; el alma hace que el organismo sea actualmente viviente.

En la medida en que el alma es acto y forma respecto de un organismo original, de un cuerpo organizado, la unión existente entre el alma y el cuerpo se explica sin especiales dificultades, dado que, como afirma Platón, no se trataría de una unión ni antinatural, ni accidental, sino de una unión perfecta, única y exclusivamente esencial y natural, ya que el alma y el cuerpo (forma y materia), constituyen una única sustancia natural: el viviente.

La contrapartida en esta cuestión, como ya ha sido indicado con anterioridad, sería la negación de la inmortalidad del alma por parte de Aristóteles.

Además de esa alma corruptible, que es forma y acto del cuerpo, Aristóteles admite la presencia en el hombre de un supuesto entendimiento incorruptible, el cual sería inmortal. A este entendimiento lo denomina a su vez como alma, si bien se cuida de señalar -en ciertos aspectos y en diversas ocasiones- que se trata de otro tipo de alma (en efecto, ha de ser por fuerza otro tipo de alma, ya que es incorruptible y, por tanto, no puede ser forma y acto de un cuerpo).

Este entendimiento no es personal, sino que es el mismo para todos los hombres. Pero, sin embargo, deberíamos preguntarnos, ¿es, el alma, acaso Dios? ¿Cómo puede estar presente en el hombre?

Lamentablemente, los diversos escritos de que disponemos de este filósofo griego, no permiten ofrecer una contestación prácticamente definitiva a estas preguntas.

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