Filosofía

La jaula

Publicado por Ruben Avila

La monumentalidad del arte romano, especialmente en la arquitectura, se explica, entre otras razones, claro, por ese cierto complejo de inferioridad al que se refería Séneca cuando aseguraba que los griegos les parecían grandes porque se veían a sí mismos muy pequeños. Ningún romano podía compararse con los Platón, Aristóteles, Sócrates, Tales de Mileto, Pitágoras…

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Y en esta misma línea de pensamiento, en un tratado estético, uno de los pocos antiguos que han llegado a nuestros días, que versa sobre lo sublime y fue escrito por Pseudo-Longino, en el siglo I d.C., el autor se pregunta que le sucede a su época. «Me extraña y seguro que también extraña a los demás, qué ocurre que en nuestro siglo nacen hombres dotados de gran fuerza oratoria y de talento político, brillantes y emprendedores… mientras que muy raras veces encontramos ingenios sublimes que se eleven por encima de la mediocridad. En ese aspecto, reina en el mundo actual una gran infertilidad».

La explicación que Pseudo-Longino considera tiene dos vertientes. Por un lado, asegura el autor que la ausencia de grandes hombres es proporcional a la ausencia de libertad. Asegura que los romanos desde su más tierna infancia son hijos del despotismo, así que no conocen lo que es la libertad. Y es que el despotismo, incluso suponiendo el despotismo más justo, no deja de ser «una jaula que aprisiona nuestro ánimo».

La otra vertiente de la explicación, también tiene que ver con la libertad, pero en este caso con la ausencia de libertad interior. «La codicia de la cual todos somos víctimas y que ninguno consigue satisfacer y que junto a la afanosa búsqueda de favores nos convierte en esclavos».

Estás eran las razones, la jaula exterior e interior, por las que según Pseudo-Longino no existían grandes hombres entre los romanos. Desde nuestra perspectiva, la misma crítica se le podría hacer a los griegos, pero es cierto que el sistema político imperante en Atenas, y en otras ciudades-estado, posibilitaban esa libertad que exigía Pseudo-Longino. Ciertamente no se la ofrecía a todos, puesto que la gran mayoría de los habitantes de las ciudades-estado griegas no eran considerados ciudadanos, así que su libertad estaba bastante mermada.

Sin embargo, sí que nos sirve como cierto modelo, sino al que llegar, por lo menos sí del que partir. En la actualidad consideramos que nuestras democracias occidentales son más justas que las de la Antigua Grecia, pero aquellas son el modelo del que se parte.

Y, aun así, parece que la crítica que hace Pseudo-Longino a los romanos nos la podría hacer a nosotros y a nuestro sistema “democrático”. Es difícil ver las consecuencias, es difícil, cuando se está imbuido en el presente, saber si nuestra época está dando grandes hombres. Y, sobre todo, es difícil determinarlo porque será diferente la respuesta dependiendo dónde se coloque la lupa.

En lo que creo que sí podemos estar de acuerdo es que en la libertad política tanto como en la libertad de nuestras pasiones, el control sobre las mismas (que no supresión, ojo), está una de las claves de que desarrollemos nuestro intelecto.

Imagen: armandoysonia.wordpress.com

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