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¿Eres egoísta?

Publicado por Ruben Avila

Es muy habitual, dentro de una corriente de pensamiento muy extendida, considerar que los seres humanos somos principalmente y sobre todo egoístas, que actuamos exclusivamente por interés, entiendo éste desde un punto de vista fundamentalmente económico. O, en su defecto, por miedo, como aseguraba Hobbes que nos habíamos unido en sociedad. En cualquier caso, siguiendo este modelo no es que no haya lugar a sentimientos altruistas, es que estos no tendrían ningún peso, o tan sólo residual, en nuestros comportamientos. Estas son las bases del contractualismo, por lo menos en la mayoría de sus versiones, por las que sólo nos relacionaríamos en igualdad de condiciones, con justicia, con aquellos seres (ya sean humanos o de cualquier otra especie) que tengan una fuerza e inteligencia similar a la media de los seres humanos.

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Presentado así, utilizando brocha tan gorda, probablemente no lo aceptemos, y supongamos que, efectivamente, no lo hacemos. Sin embargo, no parece que sea una opinión tan certera.

En España, descubrimos con aparente horror las corruptelas de nuestra clase dirigente, los trapicheos de los políticos, la omnipotencia de la banca, que hace y deshace a su antojo… Pero asumimos, sorprendentemente, que es algo connatural al país, a la gente que lo habita. Que en lugar donde la picaresca es seña de sus héroes no se podría esperar algo diferente.

Estoy acostumbrado a escuchar, frente aquellos que pretenden cambiar el orden de las cosas, que los españoles, y por extensión los humanos, somos, por resumir fríamente, corruptos. Cualquiera que llegue al poder tratará de hacer todo lo posible por lucrarse y, de hecho, ese es su único motivo por querer adquirir poder, su ansia crematística. Pero los seres humanos no somos así. Y no es una cuestión de buenismo, de fe irredenta, es simple observación y observancia de las evidencias científicas.

Todas nuestras acciones están motivadas por nuestros sentimientos. La creencia extendida del ser racional que, sobre todo en el mundo de los negocios, actúa fríamente, sopesando los pros y los contras, sencillamente no existe. Y de hacerlo le pasaría como al asno de Buridán que murió de hambre por no saber elegir ante dos sacos de comida totalmente iguales. La razón no es nuestra guía exclusiva, no somos solamente seres racionales. Y afortunadamente no lo somos, porque es habitual entender ese “racional” como actuar por la pura conveniencia, y más concretamente, económica.

Pero nuestros sentimientos forman parte de lo que somos y afectan en cómo actuamos. Lo que, por otra parte, como muestra de su existencia, es explotado por la publicidad, en lo que se conoce como marketing emocional. Tal vez creamos que elegimos una marca en lugar de otra por motivos racionales, por el precio, por ejemplo, pero esto no es verdad. En otro artículo probablemente hablemos de ello y mostremos cuán equivocados estamos. Y, lo cual da ciertamente miedo, cuán manipulables somos.

En cualquier caso, actuamos por egoísmo, claro, pero también por miedo, por simpatía, por rencor, por empatía… Actuamos de manera diversa cuando estamos tristes que cuando estamos felices (y no sólo en nuestras relaciones familiares, también en el ámbito laboral); tomamos decisiones por superstición, por hastío, etc.

Con tanta complejidad de motivos, es un error evidente resumir todo al interés económico, a que sencillamente somos corruptos y robaremos en cuanto podamos. Al contrario. Pero como si fuera una profecía autocumplida, pensar que somos así, nos llevará a actuar de tal forma.

Imagen:es.globedia.com

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