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¿Somos iguales?

Publicado por Ruben Avila

Los seres humanos formamos parte de la misma especie y, en general, tenemos determinados objetivos en común. Aunque no es inusual vernos como individuos en continua lucha por los recursos limitados existentes. De hecho, según Hume esas dos eran las dos condiciones para la justicia. Un mundo poblado por individuos relativamente egoístas en lucha por recursos limitados. Claro, decía el pensador escocés, si viviéramos en un mundo donde los recursos fueran ilimitados, no existiría ninguna competencia puesto que cada individuo tendría lo que quisiera sin necesidad de disputar; y lo mismo, o parecido, sucedería en un escenario donde los individuos fueran totalmente altruistas y los recursos limitados, puesto que cada uno daría antes al otro, al prójimo, antes que tomar para sí mismo. Todos nos preocuparíamos por los demás sin atender a nuestras necesidades. Claro que si yo no como para darte el bocado a ti, porque soy sumamente altruista, y tú haces lo mismo, puesto que también lo eres, terminaríamos o muriendo de hambre ambos o luchando para obligar al otro a llevarse el trozo de comida. Por supuesto, este caso sólo se daría si los recursos fueran francamente escasos.

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En cualquier caso, somos como somos y, aunque nos guiemos también por cierto grado de altruismo y busquemos la simpatía de los que nos rodean y empaticemos con ellos, también somos egoístas y miramos por nosotros mismos. En esta dualidad nos movemos. Ni somos demonios, ni somos ángeles.

Y en ese “somos como somos” y en aquél “tenemos determinados objetivos en común”, nos asalta una duda, ¿qué nos hace iguales? Si es que lo somos, claro…

Conocemos la existencia de teorías políticas de diversa índole que aseguran que los seres humanos no sólo nos somos iguales sino que no debemos serlo. Existe tanta diferencia entre los miembros de la misma especie que sería mejor ni mentar eso de la igualdad. Como mucho la igualdad de oportunidades, esas que en teoría dejan en la línea de salida en la misma posición a todos. Pero como la línea está tan difuminada por tantas circunstancias es mejor dejar las cosas como están y que los mejores estén arriba y los peores abajo. La forma de determinar quienes son unos y otros es su posición claro. Así que los que están arriba son los mejores y los de abajo los peores. Convirtiéndose la declaración en una tautología dirigida a mantener el statu quo.

Existe otra corriente de pensamiento, auspiciada por la declaración de los derechos humanos, que asume que todos somos iguales en dignidad y derechos. Y el motivo lo deberíamos buscar en que somos humanos. Nuestra dignidad es humana, lo mismo que nuestros derechos. Sólo podemos desarrollarnos plenamente entre humanos —no nos engañemos, Mowgli no existe—y eso es lo que define nuestra igualdad.

De cómo veamos el asunto deduciremos tipos de sociedades diferentes, incluso antagónicas. Hasta el punto de asentir con una sonrisa —o con gesto de que es justo lo que se sucede— o sentir auténtica congoja, dolor y frustración ante un mismo hecho.

Imagen: taringa.net

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