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El suicidio

Publicado por Ruben Avila

Una de las premisas de los estoicos se fundamentaba en que había que abandonar la vida cuando ya no se soportara más o cuando fuera una carga muy pesada tanto para uno mismo como para los demás. El suicidio no era un tabú sino una vía para salirse cuando ya no mereciera la pena vivir. Lo natural, para ellos, era dejarlo cuando se podía y no aferrarse a algo que no era más que sufrimiento y padecimiento estúpido. No había que temer a la muerte, porque muertos ya no seremos nada y la nada nada sufre, sino al contrario, verla como una liberación, una puerta que podemos abrir en caso de que sea necesario.

suicidio

Pero no sólo pensaban así los estoicos. Una de las máximas griegas la podríamos plantear de la forma siguiente: «o una vida tranquila, o una muerte feliz. Es bueno morir cuando la vida es molesta. Vale más no vivir que vivir desgraciado».

Más tarde, el cristianismo, y más concretamente la cúpula directiva de la Iglesia, plantearía que el suicidio era un ataque a los designios de Dios. Dios nos había dado la vida y sólo él podía quitárnosla. Suicidarse, entonces, iría en contra de los designios divinos. Claro, que no todos los cristianos eran de la misma idea.

Así, Hume, hizo un alegato a favor del suicidio, atacando como absurda de que como Dios nos había dado la vida ya no podíamos hacer nada con ella, sino que tenemos que dejar que avance su curso natural, debemos esperar a la muerte, no obligar a aparecer a La Parca para que nos lleve prematuramente. Pero, claro, también nos ha dado la tierra y los ríos, y no paramos de cambiar su rumbo natural, de edificar sobre la tierra y voltearla, etc. — si Hume viera lo que hacemos ahora con la naturaleza se reafirmaría mucho más en su idea, claro—. Es una opción que nos ofrece, ¿por qué no tomarla?

En la actualidad, el suicidio sigue siendo un tabú en nuestra sociedad aunque por motivos diferentes. La mayoría de la gente —o si se prefiere un alto porcentaje de ella— no tiende a pensar que su vida no le pertenece, que su dueño es Dios y que hay que dejarle a él hacer lo que quiera con ella.

Es la propia muerte la que se impone, ante nosotros, como un temible final. Nos cuesta verla como una buena salida, como aseguraban los estoicos, por la que hay que salir en cuanto se vea ocasión propicia. Al contrario, queremos alejarla lo más posible. Y, en cualquier caso, tampoco parece que haya que hablar mucho de ello, puesto que todos poseemos la facultad de hacer uso de esa salida. Pensamos que si lo creemos necesario siempre podremos suicidarnos. Y eso que hasta hace relativamente poco era ilegal suicidarse. Claro, solamente se podía castigar el intento de suicidio, por razones evidentes.

Sin embargo, cuando alguien eleva la voz sobre la multitud para gritar que ese “todos podemos” es falso, que hay personas que no pueden suicidarse, sino que necesitan ayuda para morir, es ahí cuando nos damos cuenta de que tampoco vale con callarse y mirar para otro lado.

Imagen: elblogderaskolnikov.blogspot.com.es

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