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El diablo

Publicado por Ruben Avila

En The Supper of The Lamb, de Robert Farrar Capon*, encontramos la siguiente historia sobre el diablo y su búsqueda de corromper a la humanidad que exponemos a continuación con cierta libertad:

Tras ser rechazado por una mujer, tras ver que sus males artes fallaron para llevarla al lado oscuro, Satanás reunió a los principales demonios, como si de un consejo de ministros se tratara, en la sala de juntas de Pandemónium, que como sabemos es la capital imaginaria del infierno.

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Bien, allí encontramos al ministro de la Envidia, al del Orgullo o al de la Avaricia. Tampoco faltan los de la Guerra, la Enfermedad y la Lascivia. Todos reunidos y ante las preguntas de Satán, van respondiendo a qué han hecho cada uno para corromper y destruir la humanidad. Le hablan de la proliferación nuclear, del odio étnico y de miles y millones de casos particulares individuales corrompidos, pero el diablo no se da por satisfecho.

Finalmente, y harto de la cháchara, Satanás pega un respingo y gritando asegura que no son más que discursos para encubrir la incompetencia de los que los pronuncian, que no quiere pasarse la eternidad escuchando semejante verborrea de unos idiotas incompetentes. Es que acaso, concluye, nadie le va a proponer alguna novedad, algo que le permita no pasarse otros mil años ocupándose de lo que no lo hacen los demás.

Tras la arenga, un joven demonio, que había pasado inadvertido pide tomar la palabra, ante el beneplácito de Satanás, que se ha quedado más tranquilo tras desfogarse.

El joven demonio comienza a hablar y tras asegurar que tiene un plan, arroja luz sobre los defectos del plan común, habitual, que las fuerzas del infierno han llevado a cabo durante cientos de años para corromper y destruir a la humanidad. El gran fallo, espeta, ha sido concentrarse en no tratar de destruir la relación de los seres humanos con los objetos. Al ser únicos y ofrecer placeres y sorpresas concretas no se agotan nunca. Cada novedad implica empezar de cero. Lo que hay que hacer, concluye, es arrebatarle las cosas.

Satanás, interesado por el plan, le pregunta cómo es posible hacer eso, cuando tiene cada vez más cosas.
No, replica el joven demonio, no se trata de quitárselas físicamente, sino de hacer que se aísle de la realidad. Se trata de abstraer y espiritualizar los objetos y los seres, que los seres humanos vean todo lo que les rodea como símbolos, como medios para conseguir otra cosa y no como fines en sí mismos.

Y lo grandioso del plan, termina el demonio, es que la humanidad cree tanto en su índole materialista que no se creerán que trataremos de destruirlos a través de la espiritualización. Además, me he encargado de desplegar por el mundo un ejército de teleevangelistas que abominen del materialismo, así nadie se dará cuenta de nuestro planes hasta que les hayamos aislado de la realidad por completo.

Satanás, que finalmente comprende todo, con una sonrisa en la boca se frota las manos. «Excelente —agrega—. Procedamos».

*Aunque esa es la referencia original del cuento, yo me he basado en la que hace referencia Daniel Barwick en su texto «Disfrutar de “esa cosa llamada ‘cucu…cucurucho’”: El señor Burns, Satanás y la felicidad» para el libro colectivo Los Simpson y la filosofía.

Imagen: narcomexicodrugsgangs.blogspot.com.es

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