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Hempel: las paradojas ilusorias

Publicado por Ruben Avila

Asegurábamos en nuestro último artículo, que respecto al problema de las paradojas de confirmación, cuyos intentos de ser resueltas los dividíamos en tres bloques, Hempel pertenecería al último, al rechazar el criterio de Nicod. Para el pensador alemán, en realidad, estas paradojas no son reales sino ilusorias. En defensa de su tesis hace uso de dos tipos de argumentos diferentes:

paradojas ilusorias

1. La aparente existencia de paradoja surge al suponer, de manera errónea, que los enunciados universales de la clase «todos los cuervos son negros», en realidad sólo se refieren a los cuervos. Recordemos que la paradoja surgía al seguir las reglas de la lógica clásica, cuando ver un periquito amarillo (o cualquier cosa que no fuera negra ni cuervo) se consideraba una confirmación del enunciado anterior.

A decir de Hempel esta clase de enunciados, «todos los cuervos son negros», en realidad, tendrían que considerarse como referidos al espacio-tiempo. Así, su lectura correcta sería que no seremos capaces de encontrar en ningún lugar ni tiempo particular un objeto que sea cuervo y no sea negro. Si descubrimos un cuervo no negro entonces se refutaría la afirmación. Pero si encontramos un tubo de escape gris estaremos confirmando la aseveración.

Lo que pretende asegurar Hempel es algo así como que lo que se está aseverando es que sólo los cuervos pueden ser cuervos negros. Claro, si acudimos al mundo físico, descubriremos que una guitarra negra no puede ser un cuervo negro, y, entonces, estamos confirmando la afirmación de que sólo los cuervos pueden ser cuervos negros. Pero es totalmente contraintuitivo, además de totalmente inútil e inservible, buscar otra clase de objetos no definidos como cuervos, para definir sus cualidades.

2. Su segundo argumento se centra en afirmar la existencia de una especie de ficción metodológica que se debe tener en cuenta al analizar lógicamente la confirmación. En este proceso analítico lo único importante es la relación entre una hipótesis y un enunciado. Por tanto, hay que suponer que esa evidencia es toda la información que se posee.

Al final, lo que Hempel pretende con todas sus fuerzas, es a no renunciar al análisis lógico de los enunciados, porque esto supondría renunciar a demasiadas cosas -la lógica proporciona unas determinadas leyes y un lenguaje concreto- sobre todo si no existe ninguna alternativa a la que acudir.

Así que el pensador alemán se niega a abandonar la lógica sean estas paradojas aparentes o reales, por lo que trata de mostrar que la lógica se puede mantener aún con la existencia de dichas paradojas.

Pero, como podemos comprobar intuitivamente, las soluciones que se dan a estas paradojas no son muy satisfactorias. Realmente, no parece que haya alguna posibilidad de defender que un colchón azul sea una confirmación de que todos los cuervos sean negros.

Además de las paradojas antedichas, también surgen otros problemas que surgen también de ese compromiso con la lógica clásica. Ciertamente son problemas con una importancia menor pero son ilustrativos de ese aferramiento a la lógica y también, claro, producen resultados, digamos que, extraños.

Imagen: zinemaniacos.com

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