Filosofía

La mente

Publicado por Ruben Avila

La evolución, cómo se estructura, permite repartir información por todas las partes de cada organismo, aunque no tenga por qué estar en forma de “estructuras de datos” impresas en el sistema nervioso, éste puede explotarla al estar diseñado para hacer uso de la información de los sistemas hormonales (como lo está para explotar la de los ojos, etc.), beneficiándose de ella. De tal forma que existe algo así como «una sabiduría encarnada» en nuestro cuerpo. Algo que podemos comprobar cuando nos sonrojamos, temblando… En esas circunstancias, nuestro cuerpo revela lo que nosotros queremos ocultar, lo que implica que “sabe” lo que nos sucede.

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La Mente

A lo largo de la historia de los seres vivos y, en concreto, teniendo en cuenta la evolución de la mente podemos encontrar tres puntos claves en dicha evolución o, si se prefiere, tres tipos de mentes que se han superpuesto a lo largo de los años. Asumiendo esto, podríamos hablar de la existencia, por lo menos en el caso de los humanos, de varias mentes por cuerpo.

1. La primera la podríamos reconocer como fruto de la teoría de la evolución de las especies postulada por Darwin, y que se produce por selección natural. Por resumirlo brevemente, surgen de manera ciega, azarosa, una infinidad de organismos diferentes, a través de los procesos de recombinación y mutación genética. Los mejores diseños, los que mejor se adaptan al medio por sus características son los que sobreviven y permiten el siguiente paso.

2. En un punto de la evolución, surgen ciertos diseños con una propiedad especial: la plasticidad fenotípica. Es decir, estos organismos concretos, a diferencia del resto, no contaban de un diseño completo en el momento de su nacimiento, existiendo elementos que podrían ajustarse dependiendo de los sucesos con los que a lo largo de su vida se tendría que enfrentar el individuo. Estos organismos son conocidos como criaturas skinnerianas, por el psicólogo conductista B. F. Skinner, y evolucionan gracias al aprendizaje ABC o, más conocido como, el de prueba y error.

3. Sin embargo, el condicionamiento skinneriano es útil y eficiente, salvo si el primer intento es mortal. Si, por ejemplo, prueba a saltar de un edificio de 10 plantas, habrás aprendido demasiado tarde que no puedes volar, y no vas a tener más intentos. Es cierto que es un paso importante porque surge el aprendizaje, pero necesitamos de un método mejor que nos ayude a preseleccionar los posibles sucesos antes de llevarlos a cabo, de forma que las acciones completamente estúpidas queden descartadas. En nuestro ejemplo, antes de tirarnos de la 10ª plaza, tendremos en cuenta las consecuencias, y probablemente dejemos el salto para otro día.

Aquellas que poseen estas características son conocidas como criaturas popperianas, por el filósofo Karl Popper, y sobreviven porque son capaces de realizar acciones algo mejores que las anteriores, cuya supervivencia se basaba en que su primer movimiento no fuera lo suficientemente estúpido como para llevarlas a la muerte.

La preselección de las criaturas popperianas

Para que las criaturas popperianas puedan llevar a cabo la preselección de las acciones a desarrollar, tiene que existir una especie de filtro que diseñe de manera interna el mundo externo, de manera que pueda llevar a cabo con total seguridad las pruebas necesarias. Tiene que ser lo suficientemente parecido al mundo externo para que los resultados de las pruebas sean certeras. Pero, ojo, esto no significa que sea simplemente una réplica del mundo exterior, que se le mita a reproducir las contingencias físicas del exterior.

Lo que caracteriza a las criaturas popperianas es que bien por herencia o adquisición tienen instaladas información precisa del mundo real, de tal manera que puedan conseguir «los objetivos que son su raison d´être».

Un ejemplo paradigmático de en qué consisten estos filtros, y cómo las criaturas popperianas hacen uso de ellos, es colocando las posibles acciones frente al «tribunal corporal» y hacer uso de la sabiduría que hemos dicho más arriba que éste posee. Así, si ante una acción, un cuerpo se revela, sufre náuseas, vértigo… es un síntoma bastante fiable de que el acto que se pretende llevar a cabo puede no ser buena idea. Pero no se reconstruye el cerebro de manera que se elimine la consideración de tales acciones, volviéndolas impensables, sino que se establece una respuesta a todo pensamiento sobre dichas acciones, de forma que lleve a no ser elegidas.

Imagen: es.wikipedia.org

Categorías: Teoría del conocimiento