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Introducción a la ética: la verdadera esencia del ser humano

Publicado por Ruben Avila

En un pequeño librito intitulado Introducción a la Ética, Bernad Williams (su autor) lleva a cabo varias y precisas reflexiones que, por supuesto, merecen ser leídas y tenida en cuenta. Una de ellas, que es en la que este artículo va a colocar su lupa, la realiza en el primer capítulo, “el hombre amoral”. El capítulo comienza con una pregunta para la reflexión y que habremos escuchado muchas veces a lo largo de nuestras vidas: « ¿por qué habría yo de hacer algo?»

Introducción ética

La pregunta anterior la podemos abordar desde dos puntos de vista, o bien como una súplica, un ruego para obtener realmente razones para actuar; o bien como un acto chulesco, una rebelión ante la moral, una afirmación de que nadie debe nada a nadie y yo menos que nadie.

Realmente, como asegura el propio Williams, los conceptos y las reglas morales más básicas quedan profundamente asumidas en el proceso de socialización, no siendo tan fácil su desaparición aun suponiendo que desaparezcan la policía o el reproche del prójimo. Al contrario de las leyes y normas que se aceptan únicamente por represión o por miedo a la violencia institucional, las morales las seguimos por algo más, forman parte de lo que nos convierte en personas.

Una réplica habitual a lo anterior, suele ser la referencia a la verdadera esencia del ser humano cuando se encuentra en condiciones extremas. En estas ocasiones, aseguran los que mantienen este argumento, es cuando conocemos de lo que somos capaces, se muestra el verdadero yo, habitualmente egoísta, cruel y perverso. Ante su presencia, no queda más que aceptar que las normas morales a las que hacíamos referencia más arriba no son más que puras convenciones que serán obviadas ante la primera ocasión, porque el ser humano es ante todo egoísta.

A esta reflexión, Williams contrapone una idea brillante. Si aseguramos que para saber de lo que los hombres realmente son, lo mejor es observarlos después de haber pasado tres semanas en un bote salvavidas (aquí podemos colocar cualquier situación extrema), por qué no suponer lo mismo con su condición física.

Pero parece que a nadie se le ocurre pensar que una persona después de estar tres semanas sin alimento y bebiendo agua salada a sorbitos (como el náufrago que nos presentó Gabriel García Márquez) muestra realmente cuáles son sus condiciones físicas. Al contrario, suponemos que para mostrarlas es mejor que esté bien alimentado y sano. Entonces, ¿por qué somos tan malintencionados cuando es a su «espíritu» al que nos referimos?

Por la misma lógica, si necesitamos un cuerpo sano y estar bien alimentados para mostrar lo mejor de nosotros físicamente, para hacerlo con nuestro comportamiento, también tendremos que encontrarnos en condiciones óptimas. Lo terrible es llevar al ser humano hasta el extremo de arrebatarle todo lo que tiene de humano, no su comportamiento posterior.

Es interesante ver cómo de una manera tan simple Bernard Williams consigue desarmar un argumento demasiado extendido. Conviene tenerlo presente para cuando alguien trate de convencernos de que el ser humano es un ser perverso por naturaleza.

Fuente: Introducción a la Ética; Bernard Williams
Imagen: http://www.almas.com.mx

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