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El realismo metafísico

Publicado por Esteban Galisteo Gámez

Con realismo metafísico nos referimos a una postura filosófica según la cual las cosas existen independientemente de que haya una conciencia que las perciba. Si yo cierro ahora los ojos y dejo de escribir, dejaré de percibir el entorno que me rodea, poblado por un ordenador, una agenda, un cenicero, un cigarrillo encendido, una calculadora, etc. Si mi posición filosófica es realista entonces no dejaré de creer que tales cosas existen. Están ahí, pero yo no las percibo. Al realismo metafísico se le contrapone el idealismo metafísico, postura que surge en respuesta de la anterior y, según la cual, lo que llamamos realidad es en verdad el mundo fenoménico que nos muestra nuestra conciencia. Según esta postura, en sus versiones más extremas, el mundo externo a la conciencia podría no existir.

realismo metafísico versus idealismo

1. La crisis del realismo metafísico: el idealismo moderno o metafísico

El realismo metafísico, se puede decir, es una forma muy intuitiva y natural de considerar las cosas o, en otras palabras, el sentido común suele ser un realista metafísico. Pensamos que detrás de las puertas hay cosas, aunque no las hayamos abierto. De hecho, durante la antigüedad y el medioevo el realismo metafísico era el posicionamiento filosófico más aceptado. Este posicionamiento no se puso seriamente en cuestión hasta la Edad Moderna, con la filosofía de Descartes, quien tras aplicar su método de descubrir verdades indudables, llega a la conclusión de que el conocimiento y la realidad tienen un fundamento indudable, a saber, el yo o cosa que piensa.

La cosa pensante de Descartes conoce ideas, representaciones de lo que sea que haya, incluido el propio cuerpo. Sin embargo para el filósofo francés la existencia del yo, a diferencia de las otras ideas que pululan en mi conciencia, es demostrable racionalmente y de forma indudable. En efecto, recordando el argumento de Descartes, tras dudar de todo llega a algo de lo que no puede dudar, a saber, de que está dudando, ya que si duda de que duda estará dudando, por tanto es indudablemente verdadero que está dudando. Ahora bien, la duda presupone una cosa que duda, por tanto hay algo que duda, a saber, la cosa pensante (dudar es pensar). Utilizando un lenguaje actualizado: Descartes demuestra que existe su mente y sus contenidos, pero no que existe su cuerpo y el resto del mundo externo (recurre a Dios para probar la existencia del mundo externo, pero su recurso a la divinidad es demasiado débil, siendo incluso vergonzoso).

Con la filosofía de Descartes comienza a hacerse popular entre los filósofos el punto de vista idealista, llegando a su punto culmen con el idealismo trascendental de Inmanuel Kant. A diferencia del realismo, que prioriza la existencia de las cosas sobre el sujeto cognoscente, el idealismo prioriza el aspecto constructivo de la mente sobre la realidad.

2. El resurgimiento del realismo metafísico

Desde el siglo XVII el idealismo metafísico fue el posicionamiento filosófico dominante, sobre todo en la Europa continental. Sería a finales del siglo XIX cuando en Alemania, de la mano de Gotlob Frege, cuando el idealismo de corte cartesiano se pone en duda, en favor de un realismo metafísico de bastante fortalecido.

Frege pensaba que la realidad es independiente del sujeto. Para ello da un argumento que se basa en describir los contenidos de la conciencia. Describe su habitación, cómo es lo que le rodea y llega a un punto clave, la descripción de su cuerpo, tal y como se le presenta a la conciencia. Dice que ve unos zapatos, un trozo de lo que parece una barba, un cuerpo y unas manos, la punta de una nariz, etc. En el curso de su descripción Frege llama la atención sobre algo que al idealista se le pasa por alto. En efecto, Frege dice que no puede decidir en qué representación situar su conciencia, su yo. Es decir, de forma necesaria el yo, el punto de partida de todos los contenidos de la conciencia, está situado en una representación particular, a saber, su cuerpo y él no puede situar al yo en otra representación. Es decir, el yo está situado en un punto en el espacio y el espacio es la realidad externa más paradigmática. La realidad se impone a la conciencia.

Frege abrió las puertas para que, al menos desde la filosofía analítica, se recuperara el realismo metafísico.

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