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Benjamín Solari Parravicini y el Fenómeno OVNI

Publicado por Malena

Parravicini fue el hijo primogénito de una distinguida familia argentina, que nació en el año 1898 y falleció en 1974.

Fabio Zerpa, Profesor de historia; Parapsicólogo; Terapista de Vidas Pasadas; Miembro de instituciones mundiales de Ovnilogía, Parapsicología y Neoarqueología; Rector de la Universidad de Disciplinas de Apertura y Director de la Fundación del mismo nombre en Buenos Aires, Argentina; Editor y Director de la Revista “En la Cuarta Dimensión”; autor y conductor de programas radiales y televisivos sobre estos temas; escritor de best sellers; conferencista y realizador de numerosos documentales sobre la vida extraterrestre y sus implicancias culturales; en uno de sus libros relata su experiencia con su amigo Parravicini durante seis años de su vida.

Benjamín Solari Parravicini y el Fenóeno OVNI

Describe a Parravicini como un profeta con percepción de médium, con extraordinarias condiciones paranormales capaz de visualizar el futuro y de realizar dibujos premonitorios, que mostraron más de setenta aciertos.

Zerpa lo conoció a raíz de una entrevista que le realizó con motivo de la experiencia que vivió Parravicini con seres extraterrestres.

Una madrugada, mientras este singular personaje caminaba por la calle Tacuarí del centro de Buenos Aires, acompañado de su amigo Generoso Ruiz Idarraga; al llegar a la esquina de la calle Venezuela, se enfrentaron a dos individuos rubios, altísimos, de ojos celestes casi blancos, con una vestimenta inusual y brillante, que les hablaron en un idioma que no pudieron entender.

Se apresuraron a entrar en su domicilio que estaba a pocos pasos, sintiendo ambos sensaciones extrañas después del episodio.

Quince días después, mientras caminaba solo por la Avenida Nueve de Julio, a la altura de la calle Moreno, sintiéndose imprevistamente cansado se sentó en un banco de la plazoleta allí existente.

De pronto, dos seres similares a los que había visto dos semanas atrás se le acercaron y al mismo tiempo una potente luz los envolvió.

Al instante, advirtió que se encontraba en una gran habitación circular rodeado del más absoluto silencio y reconfortado por un estado de ánimo casi eufórico.

La habitación tenía varios paneles iluminados y en el centro unos diez individuos aproximadamente rodeaban un tubo de cerca de un metro de diámetro.

Parravicini no escuchó que nadie hablara, sin embargo captó la indicación de mirar por la ventanilla a través de la cual pudo ver lo que presumiblemente era la superficie de la Tierra vista desde arriba.

El individuo que aparentemente le había hablado telepáticamente se acercó a él y le dio un mensaje: los seres humanos deben predicar el amor, porque el universo es armonía y el hombre es muy peligroso. Ellos nos están observando y ya tienen a muchos elegidos. Pronto volverán.

Imprevistamente Parravicini sintió mucho frío y se encontró nuevamente sentado en el banco de la Avenida Nueve de Julio iluminado por las primeras luces del amanecer.

De este hecho, dice Zerpa, hubo un testigo que vio el haz de luz compacto como un fogonazo cerca del edificio del Ministerio de Obras Públicas.

Parravicini tenía gran sensibilidad artística, era un excelente pintor y dibujante y también músico. Poseía el poder de mover los objetos con la mente y la capacidad de percibir mandatos psíquicos que dirigían su mano para dibujar en forma involuntaria, siendo estos dibujos también premonitorios.

Esta peculiar persona, vaticinó que a partir de 2002 un hombre de gris cambiaría a la Argentina y pudo también presentir que este país se convertiría en la esperanza del mundo.

Dejó escritas algunas reflexiones que revelan parte de su filosofía; como que la caridad es una forma de soberbia, que el progreso sin moral es el principio de la decadencia, que si el hombre pretende la seguridad no podrá llegar a ser él mismo; que la decadencia de los viejos es el miedo a la ancianidad y la de los jóvenes es el miedo a la responsabilidad; que la soledad puede purificar o embrutecer; que el triunfo material es el comienzo del fracaso espiritual y que quien no aprende a vivir muere todos los días.

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