Filosofía

Método de la historia

Publicado por Ruben Avila

En el artículo anterior dedicado a la crítica popperiana a las teorías historicistas veíamos cual era el método científico del que las ciencias naturales hacen uso y que el historicismo pretende apropiarse. Pero al decir de Popper, la historia no puede utilizar los mismos métodos que las ciencias naturales ya que por su esencia posee algunas características que le alejan de esta posibilidad.

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No se pueden formular leyes universales y objetivas de la historia

Como ya hemos visto, el historicismo considera la existencia de leyes universales que rigen los destinos humanos. Leyes que, por otra parte, hay ciertas personas, los historiadores, que podrían conocer. Para Popper esto es un imposible.

El número de hechos que hay en el mundo es tan ingente que lo podríamos considerar infinito, algo a lo que se tienen que enfrentar tanto las ciencias naturales como la historia, por lo que hay que elegir entre alguno de ellos para construir una determinada teoría (no hay ninguna que abarque todo el mundo físico).

El científico, cualquiera, a la hora de elaborar su hipótesis, escoge entre los hechos del mundo físico aquellos que le sirvan para probar su teoría. Dicha selección, naturalmente, estará vinculada a sus intereses. Es decir, desde el primer instante, desde la elección misma, el científico estará manifestando sus preferencia, su punto de vista.

Y de igual forma, para elaborar un teoría histórica también se debe escoger entre los hechos existentes. En esta ocasión será el historiador el que manifieste su punto de vista en este proceso de elección. De hecho, es bueno que el historiador sea consciente de ellos y reconozca explícitamente su punto de vista, de lo contrario puede tratar de hacer pasar a su teoría como una explicación universal, de todo lo que ocurre.

El problema de las fuentes

Para elaborar una teoría, una interpretación del mundo, son necesarias fuentes. Sin embargo, en la historia, las fuentes son habitualmente sesgadas: algunos, o muchos, testimonios fueron formulados por coacción, con una pistola en la cabeza o simplemente se hacían eco de lo que el escritor juzgaba importante. Y, en cualquier caso, es difícil saber en muchas ocasiones hasta qué punto los testigos fueron coaccionados o sus comentarios sesgados. Por esta razón, normalmente las fuentes encajan, y bastante bien, por cierto, dentro del ámbito de una teoría histórica preconcebida. Por ejemplo, resulta bastante más sencillo elaborar una teoría histórica basada en las hazañas de los grandes hombres que hacerlo sobre las condiciones de vida de la gente corriente, sencillamente porque los cronistas de cada época registran lo que hicieron los primeros, no los segundos. Así que cualquier teoría histórica se construirá en base a la información disponible, que como hemos visto, no es del todo fiable.

En realidad, esto también ocurre con las teorías de las ciencias naturales, pero en este caso las hipótesis pueden refutarse recurriendo a nuevas observaciones. Pero en la historia, es difícil obtener nuevas fuentes para “falsar” una teoría. Aquellos que no hablaron en vida, no lo harán después de muertos. Así que podemos aceptar que las teorías históricas generales son infalsables, y por tanto, no pueden ser científicas, ya que para Popper es la posibilidad de ser refutada lo que convierte a una teoría en científica.

En las hipótesis históricas suele ocurrir que la teoría se elabora recurriendo a ciertos datos y luego, para contrastarla, se utilizan esos mismos datos, ya que no hay otros. Lo que parece, cuanto menos, una trampa perversa.

El problema de las interpretaciones

Por otra parte, dos interpretaciones distintas pueden haber utilizado los mismos datos, las mismas fuentes. Pero al no disponer de nuevos, ¿cómo asegurar cuál de las dos es la correcta?

Pero que con las mismas fuentes se elaboren dos teorías inconsistentes entre sí, no significa que una de ellas sea incorrecta, ni todo lo contrario, claro. El caso es que no podemos afirmar que una teoría histórica sea verdadera porque no conocemos, realmente, cómo fue el pasado. Así que esas dos teorías sencillamente reflejan dos puntos de vista diversos entre sí, donde se responde a las preocupaciones del autor.

Es por ello que en base a las mismas fuentes es factible construir una teoría histórica que vea la historia como un proceso de progreso y otra como regresivo.

Imagen: escuelapedia.com

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