Filosofía

La voluntad de vivir

Publicado por Ruben Avila

En anteriores artículos ya hemos hablado de lo que entiende Schopenhauer por voluntad y por representación, que son los conceptos claves que contiene su obre cumbre, el mundo como voluntad y representación. Pero todavía no hemos agotado todo lo que el filósofo alemán nos muestra en su libro. Pero antes de seguir recordemos un poco qué es lo que hemos sacado en claro hasta ahora, para poder seguir avanzando.

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Voluntad y representación

La pluralidad existe exclusivamente en el tiempo y el espacio, pero en “realidad”, más allá del velo que nos tapa la verdad, sólo es la voluntad como cosa en sí, «será lo que siempre permanezca. La voluntad como cosa en sí, más allá del tiempo y el espacio».

También dijimos que el cuerpo, el individuo, no es más que la representación de la voluntad, su fenómeno. Por tanto, «no existe más que para el conocimiento sometido al principio de razón, que es también el de individuación» El individuo surge de la nada, gracias al don de la vida, pero con la muerte vuelve a esa nada primigenia.

El hombre, que es el grado máximo de conciencia de sí de la Naturaleza, busca elevarse sobre esa nada y a pesar de que a ella no le importa el individuo, sino la especie, busca consuelo en su aparente inmortalidad, «en la vida inmortal de la Naturaleza». Pero realmente, nos dice Schopenhauer, solamente las ideas tienen realidad verdadera, no los individuos.

Sin embargo como los individuos son fenómenos de la voluntad, forman parte de ella. El hombre dista de las demás criaturas únicamente en su representación, pero como cosa en sí de la voluntad que se manifiesta en todas partes, es igual al resto de sus representaciones, siendo la muerte la que derriba el engaño sobre la supuesta distinción entre su conciencia y la universal, que es precisamente donde radica su inmortalidad, no como individuo.

Dolor y muerte

Teniendo en cuenta el conocimiento adquirido, si hemos seguido el razonamiento schopenhariano, el filósofo alemán nos dirá que tendríamos que ver la muerte como un fantasma inocuo, sólo capacitado para asustar a los débiles. Porque los que saben que son el fenómeno, la representación, de la voluntad perenne, saben que su muerte no será más que el final de su cuerpo, de su fenómeno, pero no de la voluntad como cosa en sí a la que pertenece.

La voluntad de vivir

Sin embargo, a pesar de ese conocimiento, existe un querer seguir viviendo, con el mismo grado de intensidad que antes de levantarse el velo de la mentira, «sigue deseando la vida tal como es y tal como acaba de conocerla». El impulso, el querer anterior, era ciego, pero ahora es consciente y reflexionado.

Pero también existe su opuesto, la negación de la voluntad de vivir, cuando el propio conocimiento destruye ese querer seguir viviendo.

Para Schopenhauer estamos encerrados en este mundo, abocados al dolor, sin salvación aparente. Sin embargo, sí que admite una vía de escape, en realidad dos, que nos ayuda a evadirnos. Una es el arte; la otra el anacoreta. Pero de esto os hablaremos en el siguiente artículo.

Imagen: parroquiaicm.wordpress.com

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