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La tiranía de la mayoría

Publicado por Malena

«Sobre la libertad», es el título del ensayo que escribe el filósofo inglés Stuart Mill (1806-1873), preocupado por el problema de la defensa del hombre dentro del complejo y autoritario mecanismo del Estado; y siguiendo el pensamiento liberal desde Benjamin Constant(1767-1830), hasta Alexis de Tocqueville (1805-1859), intenta delimitar el ámbito del poder público respecto a la existencia y la acción del hombre.

Las principales libertades individuales que defiende Mill son:
-la libertad de conciencia, pensamiento y palabra;
-la libertad de gustos y deseos; y
-la libertad de libre asociación, con la condición que no obstaculice la libertad de los demás.

Stuart Mill observa que en el mundo moderno existe una tendencia creciente a ampliar los poderes de la sociedad sobre los individuos, mediante la fuerza de la opinión o con la fuerza de la ley.

El objeto de su investigación no es el libre albedrío sino la libertad social o civil, o sea, la naturaleza y los límites del poder que la sociedad puede ejercer legítimamente sobre el individuo, cuestión que a su criterio, se convertirá en un problema vital en el futuro.

La lucha entre la libertad y la autoridad ha sido protagonista en la historia de Grecia, Roma e Inglaterra en el pasado. Se trataba de protegerse contra la tiranía de los gobiernos políticos, que se encontraban en una posición antagónica a la de los ciudadanos.

El gobierno era ejercido por derecho de sucesión o conquista y sobre eso no había discusión. La gente lo consideraba necesario aunque fuera también peligroso.

Los patriotas tenían el objetivo de fijar los límites del poder y estos límites a la autoridad eran entendidos como un modo de ejercer su libertad.

Posteriormente los frenos constitucionales fueron establecidos para limitar las acciones más importantes del poder gobernante.

Con el tiempo, se consideró que lo mejor era que los distintos cargos de autoridad fueran delegados revocables a gusto del pueblo.

Esta fue la consecuencia de las reclamaciones de los partidos populares que reemplazó los esfuerzos para limitar el poder de los gobernantes.

La exigencia ahora era que los gobernantes se identificaran con el interés y la voluntad del pueblo.

Esta manera de pensar era la de la última generación del liberalismo europeo que todavía prevalece en ese continente.

Sin embargo, el pueblo que ejerce el poder no siempre representa los intereses del pueblo que gobierna.

Además la voluntad es solamente la de la porción del pueblo más numerosa o más activa, o sea de la mayoría, y esa porción puede desear oprimir al sector restante de la población, situación que es tan peligrosa como cualquier otro abuso de poder.

De manera que las limitaciones del poder de gobierno sobre los individuos siguen teniendo mucha importancia aún cuando se trate de gobiernos democráticos; porque los abusos son adversos a la democracia y en los debates políticos ya se incluye la “tiranía de la mayoría” como uno de los males contra los que la sociedad, que la obliga a estar atenta.

Cuando el tirano es la sociedad misma respecto a los individuos aislados, sus formas de tiranizar no se limitan a los actos de los funcionarios públicos, sino que puede ejercer una tiranía social mucho más cruenta que las mismas opresiones políticas, porque penetra más en el entramado social, es más difícil de eludir y llega a encadenar el alma.

Por esta razón, no basta la protección contra la tiranía del gobierno, también es necesario protegerse contra la tiranía de la opinión y de los sentimientos prevalecientes, contra la inclinación de ese sector del pueblo a imponer sus propias ideas y prácticas como regla de conducta, a aquellos que no están de acuerdo con ellas; a sofocar el desenvolvimiento, a impedir el desarrollo de individualidades y a obligar a todos a moldearse según ese patrón.

Fuente: “Colección Grandes Pensadores”; “John Stuart Mill; Vida, pensamiento y obra”.

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