Filosofía

El Crimen

Publicado por Malena

Cuando escuchamos historias aberrantes sobre la conducta humana, tal vez muchos piensen que lo único que se merece el autor de esos hechos es la muerte.

Un ser humano capaz de matar a sus hijos porque no puede mantenerlos, o a sus padres, porque son inmorales o quieren su herencia; o a traficantes por el daño que le hacen a la juventud; o para defenderse de ladrones; o por venganza que cree justificada; es un criminal como cualquier otro; porque nadie mata sin tener un motivo.

Tal vez en los crímenes puede haber atenuantes, como actuar en forma impulsiva en un momento de desesperación, o en defensa propia, que podría disminuir en algo la pena, pero igualmente el hecho de privar de la vida a una persona debe ser condenado.

Si no fuera así, no nos distinguiríamos de los animales que no pueden reflexionar y actúan sólo por un impulso instintivo.

Es probable que la primera reacción de una persona frente a un hecho de violencia sea responder de la misma forma, pero si piensa antes de actuar, su sentido humano lo detendrá, porque es capaz de sentir compasión.

La compasión permite comprender al otro poniéndose en su lugar y dándose cuenta que tal vez, en la misma situación cualquiera hubiera sido capaz de hacer lo mismo.

El que hace justicia por propia mano, al igual que el que es atacado estando indefenso, están actuando dos roles que parecen opuestos; pero que en realidad forman parte del mismo proceso que se inicia cuando alguien interfiere en la vida de otro por un motivo entendible.

Sin embargo, los actos violentos no deben quedar impunes; porque es la forma que tiene la sociedad de corregir conductas que atentan contra la vida de todos y de devolver la dignidad humana a quien la ha perdido.

A lo largo de la historia de la humanidad y en todas las culturas, matar a otro siempre ha sido un hecho condenable.

Todas las religiones o cultos, hasta el más ancestral, han castigado y reprobado los crímenes.

La pena de muerte aún es una cuestión muy discutida y son pocos los países que todavía la practican.

El crimen tiene dos caras, la del asesino y la de la víctima que casi siempre no es ajena al proceso.

Las guerras suelen ser la catarsis de los pueblos porque liberan las pasiones colectivas. Es cuando una idea se impone y cobra más importancia que la vida, proyectando toda su capacidad destructiva hacia un enemigo sin rostro pero con un pensamiento diferente.

Toda violencia tiene una motivación, porque la ira humana sólo puede desencadenarse cuando está motivada.

Es un mecanismo cerebral de defensa frente a la amenaza de un peligro; que solo se inhibe a nivel de corteza cerebral por medio de la capacidad de razonamiento.

Esta parte del cerebro, a nivel evolutivo es la que se ha desarrollado en último término, haciendo posible que los actos impulsivos, antes de convertirse en actos sean procesados en esa zona, que es la que permite utilizar el raciocinio.

En algunos trastornos cerebrales este mecanismo no funciona y el impulso se transforma en una compulsión imposible de inhibir. Es cuando el impulso se convierte en acto, sin posibilidad de utilizar el juicio crítico.

La compasión es también una capacidad humana que puede estar bloqueada cuando una persona no ha tenido oportunidad de incorporar valores humanos y sólo ha podido aprender que todo vale, en una sociedad corrupta, donde predomina la ley de la selva.

Toda sociedad humana pudo sobrevivir solamente en forma organizada para que los hombres no se destruyeran mutuamente.

La plasticidad cerebral hizo posible un cambio de estructuras, a nivel de los circuitos cerebrales para aceptar estas normas y lograr inhibir sus impulsos.

No sólo se nace con la capacidad de la compasión, también se aprende a serlo, porque la estructura orgánica y el aprendizaje van de la mano.

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